Breve historia de España, de Juan Sisinio Pérez Garzón y los libros Qué es la historia y Qué es la poesía, de Justo Serna y Manuel Rico, respectivamente (que pertenecen a la colección que dirijo, sí, qué pasa, para Sílex ediciones: ‘Qué es’), son lo mejor que leí de cuanto se publicó en 2025. Otro ensayo (y novela, por el mismo precio) que me pareció sensacional fue Las tinieblas del corazón, de Albert Sánchez Piñol.
Las mejores novelas de ese año fueron
para mí la argentina Los nuevos, de Pedro Mairal y La gente,
del español Felipe Benítez Reyes; seguidas por las españolas (escritas
por dos debutantes) Vallesordo, de
Jonathan Arribas; y Gallos de poca casta,
de Gloria Trinidad. También es una novela magnífica la
bellísima Mamita, del
peruano Gustavo Rodríguez.
Buenas novelas de 2025 fueron
asimismo Animales pequeños,
de Mercedes Duque Espiau; y El color y la herida,
de Rebeca García Nieto.
Los ilusionistas,
de Marcos Giralt Torrente; Anotaciones a lápiz,
de Emilio Gavilanes; El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas; y El verano de Cervantes, de Antonio Muñoz Molina
son extraordinarias obras literarias que merecen estar en esa lista con
autoridad incontestable, como ese libro singular y valiente que es La vida suspendida,
de Eduardo Laporte.
No están nada mal El mejor oficio del mundo, de Diego A. Manrique; y ¿Y los hombres, qué?, de la
británica Caitlin Moran.
Por su parte, los mejores libros de
cuentos publicados en 2025 que yo haya leído son de autores españoles: La
cinta verde, de Víctor Colden; y Esperando un milagro, de
Maite Núñez.
Es difícil decir cuál considero la
mejor serie de televisión de 2025, quizás lo sea la española Yakarta, una creación del
gran Diego San José dirigida por Elena Trapé, salvo dos
de sus episodios, uno dirigido por Delgado-Hierro y otro por su descomunal
actor protagonista, Javier Cámara, brillantemente acompañado en la
interpretación por la joven Carla Quílez.
La mejor película de ese año (siempre
de cuantas yo vi, que no fueron muchas) fue probablemente la estadounidense Sueños de trenes, el segundo
largometraje dirigido por Clint Bentley, donde la interpretación de
su protagonista, Joel Edgerton, es de una alta calidad.
Series excepcionales de 2025 fueron
la segunda temporada de la comedia española Poquita fe, mucho más que
brillante; la portentosa La suerte, también española; la
vertiginosa comedia estadounidense The studio; la conmovedora y
aterradora serie británica Adolescencia; Mo, otra comedia, también
estadounidense (muy aleccionadora sobre el asunto palestino); o el inefable mockumentary
británico La vida según Philomena Cunk.
También películas excelentes de 2025,
todas ellas españolas, fueron Sorda, el
(maravilloso) largometraje de debut de Eva Libertad;
otro comienzo como director, el de Gerard Oms y su Molt Lluny
(en español, Muy lejos), con un estratosférico Mario Casas; Una quinta portuguesa,
el segundo largometraje dirigido por Avelina Prat;
o Un fantasma en la batalla,
el sexto dirigido y escrito por Agustín Díaz Yanes, interpretado
por una brillantísima, casi perfecta, Susana Abaitua.
Me gustaron menos la elogiada Sirât (menudo
trance en el desierto); y la también española Enemigos, el primer largometraje
dirigido en solitario por David Valero, quien también escribe el
guion, junto a Alfonso Amador.
Regreso a las series de televisión, ese cine al que muchos no saben llamar cine. Muchas hubo magníficas, además de las ya preponderadas, en 2025: las estadounidenses Separación/Severance, parte segunda; Érase una vez en el oeste; la quinta entrega de Hacks; las españolas La vida breve; A muerte; Su Majestad; Anatomía de un instante; la segunda y la tercera temporada de Muertos S.L; Entrepreneurs; Furia (con esa impresionante actuación de Candela Peña); la segunda y la tercera temporadas de la comedia Atasco; una de espías, El Centro; La canción y Superestar; la segunda temporada de la argentina División Palermo y la también argentina El eternauta, la adaptación de la historieta (cómic, tebeo, no hablemos de novela gráfica, por favor) de ciencia ficción del mismo título. Añado, al final, la estadounidense distopía Pluribus, buenísima.
En cuanto a la música, para abreviar,
pues son cientos los discos publicados en 2025 que he escuchado, muchos
buenísimos, selecciono únicamente estos diez como los mejores de ese año: Yonder, de Jacob Banks;
Departures & arrivals: adventures of Captain Curt, de Curtis
Harding; Medium raw, de Early James; The tomorrow man,
de Micah P. Hinson; The purple bird, de Bonnie
'Prince' Billy; la extraordinaria nueva grabación de
algunos de los muchísimos himnos del rocanrol de todos los tiempos de John
Fogerty titulada Legacy: the Creedence Clearwater Revival years (John's
Version); I've tried everything but therapy (part 2), de Teddy
Swims; Plus one, de The War and Treaty; Blue sky sundays,
de JD Clayton; y Hallelujah! Don’t let the devil fool ya, de Robert
Finley.
De entre los españoles, Cuidado con la cabeza, de Onofree; Lágrimas de plomo fundido, de Los Estanques & El Canijo de Jerez; Por ahora para siempre, de Joseluis; Europa, de Loquillo; Cuentas pendientes, de Bunbury; Parceiros, vol. 3, de Pedro Guerra; Revolá, de Sanguijuelas del Guadiana; Lux, de Rosalía; Spanish leather, de Guitarricadelafuente; y Hipergéminis, vol. 1, de Hipergéminis.



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