Me siento en un banco del muelle de Santurce junto a la escultura que recuerda a los niño s que fueron evacuados en barco de este mismo lugar en la primavera de 1937 . Son dos críos, seguramente dos hermanos cogidos de la mano junto a una vieja maleta. Trato de imaginar lo que llevaban en ella aquel día: media docena de mudas, unas blusas, dos jerséis gordos y unas gorras de lana. Guardo entre mis cosas como un tesoro aquellas entrevistas que hice hace más de veinte años a unos cuantos críos que tuvieron que abandonar su tierra durante la Guerra Civil huyendo de los bombarderos de la aviación franquista . Margari, Fernado, Pilar... comienzo a olvidar sus caras y sus nombres. Me queda el recuerdo de su angustia en el puerto, los abrazos rotos y las últimas palabras de sus padres. "Cuida de tu hermana. No te separes de ella, que es pequeña. Come todo lo que te den y da siempre las gracias". "No salgáis a cubierta por la noche durante el viaje, que hay peligro". ...