Con el escritor Eduardo Laporte comparto algunas cosas y a él me unen otras, todas ellas pequeñas y enormes a la vez, por eso leerle supone tener que desplegar ese agudo instinto del crítico que lee por gusto y admiración pero no puede dar a entender que hay, de antemano, cariño hacia su manera de ver las palabras escritas. Un cariño que se acrecienta sin que el riguroso espesor de la empresa decaiga. Hay entusiasmo, pero también confrontación con lo que se quiere leer. Por eso creo que puedo escribir con cierta autoridad objetiva (equilibrada, al menos) lo siguiente sobre su libro de comienzos de 2025 titulado La vida suspendida , del cual él mismo dice convencido que es una novela. Y si quien lo escribe lo dice, lo es. Comienza prologándose el autor para explicar que lo que vamos a leer es un “ monólogo de dramática autoficción íntima ” que está dedicado a narrar la interrupción voluntaria del embarazo que su pareja, María, llevaba varios días gestando. Nos dice Laporte enseguida...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.