¿Por qué no nos gustan algunas películas que deberían gustarnos? Uno está viendo un largometraje al que se le nota el arte por todos los sitios, que exhibe el gusto de tener gusto, uno aprecia la reciedumbre de sus actores metactuando , haciendo que actúan como si fueran actores de otro tiempo, de un tiempo ya clásico, uno cree estar disfrutando de movimientos de cámara elegantes, de encuadres magníficos, de un ritmo excelente, también de un montaje de escenas maravilloso y… Y lo que uno siente es confusión ante un guion deliberadamente sencillo que a uno se le atraganta por su incomprensible acento en cuanto se da por sabido, pero sobre todo tedio, ese tedio provocado por una duración excesiva que es esa duración que a uno le aprieta el corazón y el cerebro, de tal manera que corazón y cerebro se preguntan a qué alargar tanto algo que ya ha sido punteado con cierta gracia docenas de minutos antes… El cine, el arte, en definitiva, y sus rendijas por las que nuestras almas se cuelan...