Que tienen patas cortas las tortugas se sabe no sólo por la canción de Can, pero si aquel ritmillo amarillo del submarino es nos preparó para ser una morsa, bien podría valer una canción un potosí reluciente y mágico: qué cosas vierte el caletre cuando uno quiere volar ensimismado con los pies en el suelo por encima de las palabras con las que otros hacen esos versos que aturden o limpian como cuchillas de afeitar sin usar, aleluya, loada sea la vitamina C , de tan verde como soy cazo los días del futuro recolectando más y más besos y bocadillos; en la noche silenciosa un cadencioso vals baila un can can descendiendo en una cascada por las almas desiertas mientras ella trae la lluvia. Suena un piano y el cauce despreocupado de un río, algunas voces de humanos y el piano y el agua eterna que vive en su propio sonido, suena ese piano y todo es Tempelhof pero también es ese río cerca de una montaña que conozco de una tarde de verano, ahora escucho pájaros en ...