Aquella fue una maldita jornada, el día del señor del 14 de octubre de 1066 . ¿Cómo olvidarlo? Nerviosos nos equipamos y vestimos, entrada la noche, en el campamento. La camisa, el jubón acolchado, la túnica, las muñequeras, las perneras, los zapatos y las bandas de cuero y finalmente mi precioso, y pesado ausberg . Mis servidores me ayudaron. Todo estaba correcto y en su sitio, y las sujeciones bien prietas. El casco cónico lanzaba destellos a la luz de la Luna. Guillermo sabía que los sajones habían acampado y dormido en la colina de Senloc, y temía que al llegar el día atacarían… así que decidió adelantarse. El muy bravucón todavía tuvo humor para decirnos que no solo lucharíamos por la victoria… “también por la supervivencia […] no podréis nadar con tanto hierro… no hay camino de vuelta…”. Con las primeras luces, nuestro ejército se plantó de golpe frente a la posición enemiga… Los sorprendimos totalmente. Mientras desplegábamos nuestras tropas ellos apenas p...