Un huracán boxea como un canto rodado llamando a las puertas del Cielo de regreso a la autopista 61. Los señores de la guerra, antes de rezarle a Isis, le pusieron nombre a cada animal en Mozambique mientras pedían una taza más de café en la bahía del Diamante Negro. Tenían licencia para matar y lo asesinaron: la muerte solitaria de Hattie Carroll en la granja de Marga se produjo cuando salí una mañana (aquella nueva mañana) que cantaba el ciego Willie McTell subido al Buick 6 de John Wesley Harding camino de Acapulco. Dicen que la muerte no es el final. Siguen cambiando los tiempos la mayor parte del tiempo. Sí, las cosas han cambiado. Pero no vamos a ninguna parte. Sopla el viento (un viento idiota) aquí mientras permanezco atrapado en Legazpi con el blues de un día solitario en Memphis, ese blues nostálgico y subterráneo de la lápida que se parece al de Pulgarcito. Y va a caer una buena (ya se escucha el trueno en la montaña y el cielo está de color rojo), cubos de lluvia, u...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.