A mi planta de naranja-lima la llamo Minguito para hablarla y ser el mundo. Soy un niño inadecuado, un niño con demasiada alma de niño, soy un niño aterrado por el hombre que ya soy siendo un niño. A mi planta de naranja-lima no le digo todo: que el dolor puede ser de piedra o que el Portuga se ha muerto son cosas que me callo y al callarlas me devuelven al futuro donde seré un escritor, el escritor José Mauro de Vasconcelos al que no le gustará que le digan que es un escritor porque él es, ante todo, nada más y nada menos que un ser humano. Eso es todo, Minguito, algún día yo también me moriré, pero ese día ya ha pasado. Y ahora los que leen las cosas de Vasconcelos se quedan dudando si han leído un cuento o si han bebido millones de tragos de eso que es sin duda la vida, la vida de otros, la vida enganchada a la rueda trasera de un coche.
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.