En la España del siglo XIX tuvo lugar un importante debate que afectaba a la razón de ser del teatro en la nueva sociedad industrial y burguesa que acababa de nacer. Ya entonces surgieron voces de escritores e intelectuales que defendieron la necesidad de dar una protección pública —esto es, económica— a la escena , partiendo del principio de que el teatro no es industria, sino arte ; afirmación que rompía los fundamentos mismos del mundo teatral, que hasta entonces —salvo en el ámbito minoritario del teatro cortesano e ilustrado, o el educativo— siempre había sido ambas cosas: arte y negocio. Desde el momento mismo en que los comediantes hicieron de su arte una profesión, esta siempre estuvo al servicio de la “taquilla”; y de esa tensión nacieron las grandes obras de nuestro teatro nacional. El teatro es una industria artística o un arte comercial , y tratar de quitarle alguno de sus dos componentes es reducirlo a la condición de mero experimento culturalista, sin conexión alguna...