(Me dicen algunos buenos amigos que les gustó el discurso que hice en la graduación de 2º de Bachillerato en mi centro de trabajo, el IES Músic Martin i Soler, de Mislata . Lo reproduzco aquí. En realidad es un discurso de jubilación). Una noche, hace como unos quince años, experimenté una sensación que ahora sé que ha resultado decisiva en mi vida. Salí al balcón y cometí esa estupidez tan común de buscar en un cigarrillo refugio a las adversidades e incertidumbres de la vida. Miré a las estrellas y, de pronto, un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba abajo. Consternado, descubrí la evidencia de que somos efímeros, de que en cualquier momento, ahora, mañana, dentro de unos años, habremos de extinguirnos... Ya me lo habían dicho, creía saberlo, pero fue entonces y solo entonces cuando experimenté con toda crudeza el sentimiento de la caducidad. Entré de nuevo en casa y le dije a mi mujer que quizá deberíamos tener un hijo . Y lo tuvimos. Arrastro todos los prejuicios de...