Hay que arriesgarse, qué duda cabe. Parece que el proceso de enseñanza-aprendizaje civil no puede seguir como hasta ahora encorsetado en los sistemas educativos, el español al menos, realmente existentes. Pero hemos de saber a qué tipo de riesgo nos enfrentamos. El experto en educación neerlandés Gert J. J. Biesta lo tenía claro ya en 2013 cuando escribió lo siguiente en su libro El bello riesgo de educar (la edición española es de 2017): “El riesgo no es que los maestros fallen. No es que la educación pueda fallar porque no está suficientemente basada en datos. El riesgo no es que los estudiantes fracasen porque no están trabajando lo suficiente o carezcan de motivación. El riesgo está ahí porque, como dijo W. B. Yeats, la educación no es cuestión de llenar un recipiente vacío, sino de encender un fuego. El riesgo está ahí porque la educación no es una interacción entre robots, sino un encuentro entre seres humanos. El riesgo está ahí porque no podemos ver a los estudiantes co...