El eco de los disparos dispara su sonido de abismo una y otra vez en la mente de las viudas, en el corazón de los huérfanos, retumba doblemente pues es lápida y es trueno sobre los cielos del mundo en ruinas donde las nubes son perpetuos monumentos de una soledad de piedra, fría como la despiadada serenidad de los patriotas asesinos. El eco de los disparos alimenta todavía la necesidad de la Historia, más que nunca, ahora que aún es el momento de la ley, la ley de los humanos, la ley del pasado y el futuro.