Como mis amigos saben he solicitado mi jubilación. Soy vocacionalmente enseñante, pero hace tiempo que no siento apenas nada cuando ingreso por las mañanas en el centro educativo . A veces se reactiva el poder seductor del aula porque unas crías hacen una exposición magnífica sobre la historia del feminismo. O porque dos chavales de origen hindú me explican cómo se relacionan con los dioses y me miran con atención cuando yo les explico por qué no creo en Dios. Se va enseguida. Toda emoción, toda forma de entusiasmo por el conocimiento queda disuelta ante una lógica que convierte la escuela en un mixto entre club de animadores, hospital psiquiátrico, cárcel y garaje . La idea de un instituto de enseñanza media como centro de difusión de los saberes suena hoy casi a sarcasmo, a pesar de que a los profesionales se nos contrate como expertos en tal o cual disciplina científica, técnica o artística. Puedes creer que accedes un aula para que tus alumnos aprendan francés, música o biología,...
Insurrección
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.