Recuerdo todavía la ceremonia de aquel descubrimiento como quien recuerda el primer relámpago de juventud que le iluminó la sangre. En Torreperogil, donde el mundo llegaba con retraso y las novedades tardaban lo mismo que una carta de amor escrita desde otro continente, no había tiendas de discos ni escaparates donde asomarse al porvenir. Había que imaginar la música antes de escucharla. Yo pedí aquel EP de Serrat por correo a Edigsa, en Barcelona, como quien solicita clandestinamente una botella con mensaje lanzada desde el Mediterráneo . Durante semanas el cartero se convirtió en una figura casi sagrada; cada día que doblaba la esquina traía la promesa de una revelación. Y una mañana trajo el sobre: humilde, ligero, con el misterio intacto de las cosas destinadas a cambiarte la vida. Al posar la aguja de mi Dual sobre aquellos microsurcos sentí que desde un pequeño tocadiscos entraba de golpe un aire nuevo en España: la emoción limpia, la melancolía elegante y la inteligencia sentime...
Insurrección
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.