Enciende Anne el televisor y alguien habla desde dentro del cacharro de un tal Eliot, un tal téeseeliot. Anne coge su cuaderno y lo abre. Claro que lo abre. Lo abre por amor al arte. Al arte de la poesía. Lo abre y escribe el rostro de ese poeta venido al mundo a salvar la poesía. A arrebatársela a los seres humanos y… Y devolvérsela a los dioses. Escribe el rostro de ese santo varón con las palabras de Carson, de Anne. Habla ahora Eliot en el televisor y Anne cree llorar. Recita Eliot y Anne cree creer. Cree Anne Carson en un tiempo rescatado al Paraíso. Cree en Eliot y en los inmortales sacerdotes del nuevo culto que llevan la poesía a la tumba de donde nunca debió escaparse. Y Anne escribe esto en su cuaderno… “Soñé varios deseos desde mi nacimiento hasta hoy como probabilidades en mis cumpleaños. No sucedió, por ejemplo, que intentaran dispararme por la calle sólo por ser Alberto Masa. No sucedió por más que me puse a tiro. Ningún fulano pulsó el botón que h...