El 23 de septiembre de 2026, Maricarmen Abascal, de ochenta y siete años, fue desahuciada del piso madrileño en el que había vivido más de siete décadas. Salió de allí en unas condiciones penosas. Las imágenes televisivas alcanzaron a todo el país. Ingresó en el hospital Gregorio Marañón y murió el 7 de octubre, sin haber podido regresar a la vivienda pese al acuerdo logrado para hacerlo. La sucesión de acontecimientos resulta estremecedora. El desalojo, la hospitalización y la muerte se produjeron en apenas dos semanas. Esa secuencia no autoriza por sí sola a establecer una responsabilidad médica o jurídica determinada, pero tampoco permite desentenderse de las condiciones en que se desarrolló el conflicto. La tragedia irrumpió en una ciudad cuya marca política lleva años vendiéndose como una combinación de dinamismo, oportunidades y libertad. Maricarmen no era una figura de la oposición diseñada por un gabinete de comunicación. Era una inquilina anciana, y precisamente por eso la...