Desquiciante. Abrumador. A punto de ser necesario, no obstante. Un mundo que se resiste a dejar de ser lo que imaginó que estaba siendo aparece envuelto en el misterio de la literatura casi impenetrable, en una trilogía que nunca leeré completa. Ramiro Pinilla me tenía encandilado desde hace muchos años. Tengo que leer su trilogía vasca, tengo que leer su trilogía vasca, me decía. Y me puse a ello, pero... Me quedé convulso en la tierra convulsa que la inaugura. Excesivo el exceso, he acabado literal y literariamente exhausto. Sé que habrá quien me diga que a qué viene todo esto si estamos ante una obra mayor. Y no lo pongo en duda, es una obra mayor, una obra mayor que, como le dice uno de los personajes desquiciados y desquiciantes de la novela a otro de los personajes desquiciados y desquiciantes de la novela, no es para mis nervios.
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.