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Mostrando las entradas etiquetadas como Roberto H. Rodríguez

La vidorra que se pegan esos viejales que lo han tenido todo a huevo (por Roberto H. Rodríguez)

Estoy leyendo el libro de Analía Plaza . Tenía mis reservas porque un milenial contando la historia de los boomers es algo así como encargarle a uno del Barça la biografía de Florentino, se va a notar el pique. Pero oye, quién dijo miedo. Además, durante las entrevistas, Analía insiste mucho en su objetividad: "cuento lo que pasa". En el mismo título se nota, La vida cañón . Otra más sesgada lo hubiera llamado La vidorra que se pegan esos viejales que lo han tenido todo a huevo , ella no, ella prefiere deslizarlo en el interior del libro. Gracias. El texto, cuyo título completo es La vida cañón: La historia de España a través de los boomers , se inscribe en ese subgénero emergente que mezcla sin complejos el estudio sociológico con el panfleto. Por resumir. los llamo ensayos de trinchera . Su mecánica es relativamente sencilla. 1. Se elige un tema polémico, no muy trillado pero trendy , que encaje en las guerras ideológicas. 2. Se reduce la complejidad del problema a la...

La libertad y la democracia

Tuvieron que venir a recordarnos que perdimos una guerra en la que quienes luchaban eran nuestros fantasmas contra el pasado. Llegaron más pronto que tarde, hace unos años, venían de caer en la cuenta de que derrotar a la Institución Libre de Enseñanza había sido la gran obra de los suyos. Los suyos. Esa es su fuerza. Sus suyos. Unos suyos que siempre estrangulan a los nuestros, porque los nuestros solamente existen en las novelas y en los libros de Historia, en las canciones y en las películas, en el arte que nada más imita al arte. El asunto es que están aquí, a las puertas. Dentro. No se les tuvo por bárbaros y así nos ha ido a los que creíamos haber hecho ya todo el trabajo para que la humanidad tuviera algo de lo que enorgullecerse. Ya no necesitan ganar una guerra, les basta con robarnos el fuego de la palabra libertad y dejar reducida a la noble palabra democracia a los escombros sobre los que ciscarse. Cada vez más energúmenos hacen oídos sordos al futuro que estab...

Una historia de cantos rodados; por Roberto H. Rodríguez

Fue un noviembre cuando la sonda InSight se posaba en la superficie de Marte . Durante la maniobra, los propulsores desplazaron algo más de un metro una piedra del tamaño de una pelota de golf. Lo podemos llamar un canto marciano . A la NASA le encantan estos detalles y, aprovechando un concierto de los Stones en Pasadena, decidieron bautizar al simpático pedrusco como Rolling Stones Rock . Tal vez no parezca un gran tributo pero Jagger and Cia están felices de codearse con otro planeta ¡Un hurra por el marketing aeroespacial! Solo pongo un pero, el homenaje debería ser compartido. Pienso en Dylan : "To be without a home, like a complete unknown, like a rolling stone" . Ahí se popularizó la expresión para la gente de mi quinta. Más derecho aún tiene Muddy Waters . Fue su canción Rolling Stone Blues la que inspiró a Brian Jones el nombre del grupo en una suma de carambolas. "I got a boy child’s comin’, Gonna be, he gonna be a rollin’ stone", cantaba Muddy, hacien...

He leído El odio y os voy a contar un poco; por Roberto H. Rodríguez

Para empezar, no acabo de entender la intención del autor de El odio , Luisgé Martín. Nos propone la suma de tres partes. Una biográfica, donde cuenta la vida de un ser insulso, acomplejado y mezquino. Se hace larguísima, es como pasar el rato mirando una pared beige. Le sigue una crónica de sucesos. Más allá de estar narrada con eficacia poco añade a lo ya conocido de un caso tan mediático. El broche final se basa en la relación de los dos autores, el del libro y el del crimen; aquí se le da voz a Bretón para que supure sus cositas de primera mano. Francamente, me pregunto el para qué del libro y no se me ocurre nada . Debe ser el arte por el arte. No sirve para conocer mejor a Bretón, del que ya sabemos mucho más de lo que nos gustaría. La única oferta novedosa es escuchar su versión, cederle el protagonismo, y justamente eso genera dos efectos muy indeseables que lo empañan todo: no hay otros testimonios que sirvan de contrapeso, que amplíen la perspectiva, y (quién lo iba a supon...

El desconcierto que produce Megalópolis de Coppola, por Roberto H. Rodríguez

La película Megalópolis es sobre todo un experimento para medir la bondad de los espectadores. Si quieres saber qué tipo de persona eres, haz el test de Coppola . Con habilidad asombrosa, el filme provoca una gran confusión. A los 15 minutos ya te preguntas qué coño estás viendo. Notas algún mensaje por aquí, una referencia cinéfila por allá, la brillantez de ciertos momentos, pero el conjunto logra crear la extraordinaria sensación de que todo está mal. Es una rara emoción entre el desconcierto y el descojono. No debe ser fácil hacer eso con toda esa pasta. Aquí entra la parte psicológica. Las buenas personas comentarán a la salida que es una obra arriesgada, que se la crítica en exceso, que tampoco es tan mala. No dirán que es buena, claro, porque tanta bondad es imposible en un humano. Las malas atacarán sin piedad. Yo lo diré a mi manera. Si mi padre me deja sin viñedos para hacer esa película tenemos una bronca gorda, incluso puede que pasemos años sin hablarnos.

Eva María versus Zorra; por Roberto H. Rodríguez

Las canciones verbeneras de los 60 y 70 contenían reivindicaciones tan feministas o más que las actuales. El problema es que les falta la narrativa asociada. No hay curadores de canciones del verano contando un bonito cuento sobre sus virtudes cívicas. Nacieron despolitizadas, pero Karina, Los Pecos y tantos otros son cantautores que aún no lo saben. Os imagino: ya salió el boomer con sus batallitas. ¿Ah sí? Pues sujétame la próstata que lo voy a demostrar. Tomemos Eva María , el clásico de Fórmula V publicado en 1973. En el primer cuarteto nos presentan a Eva Mari. Ha ido a la playa. Quitando la calidad de la maleta y que las rayas engordan, el inicio es hábilmente anodino, cualquier mujer española puede identificarse con ella. Esa deliberada banalidad aumenta el impacto de los versos que vienen, verdadero eje que da sentido a la canción. Ella se marchó Y sólo me dejó Recuerdos de su ausencia Sin la menor indulgencia Eva María se fue. ¿Cómo os quedáis? Es una canción d...

Cuando hablé con el Caudillo; por Roberto H. Rodríguez

En cierta ocasión hablé con Franco. Tendría yo unos diez años. Su Excelencia visitaba Burgos con asiduidad, supongo que le traía buenos recuerdos. Los niños agradecíamos mucho esta querencia. Las clases se suspendían, nos daban una banderita de papel pegada a un mástil y después nos colocaban en algún punto del recorrido para vitorear al Caudillo, llenos (por entonces se decía henchidos) de fervor patriótico. El autor, en aquella época. El día en cuestión escogieron un pequeño grupo entre los alumnos de mi colegio para recibirle a las puertas del palacete de la Isla, su residencia burgalesa. El criterio de selección era el de estar en el Cuadro de Honor. Por si me lee algún millenial, los mejores estudiantes figuraban en un tablón con nombre y foto para escarnio y ejemplo de zotes. A ese semillero de inquinas pertenecían los elegidos. Gran error. El cura de recursos humanos la cagó por no tener en cuenta que la mayor parte de los empollones son de naturaleza friki. Recuerdo a Usabiag...

Lo improbable; POR Roberto H. Rodríguez

Ayer tarde repasaba varios libros sobre la formación del universo, el origen de la vida, su evolución, en fin, ya os hacéis una idea. Para acabar le eché un vistazo rápido a conceptos generales de nuestra propia historia como especie, total nada, unos miles de años. Más tarde, en un tendido de sol y sombra con cerveza, la mente siguió afinando el microscopio como buscando un destino para ese viaje. Pensé en los datos, más bien escasos, de mi linaje, en mis abuelos, mis padres y ya con el máximo aumento en mi propia vida. Fui consciente del increíble número de casualidades que nos construyen, de las veces en que todo pudo salir mal o muy distinto. Os aseguro, amigos, que nada hay más improbable que vuestra existencia o la mía. Salgamos a celebrarlo pero ya, antes de que algún tema viral requiera nuestra opinión y se nos olvide. [ Y yo añado: Somos probabilidad y olvido, amigo. ]