Escuchas una canción y a veces todo se detiene, hay un de repente inaudito en ocasiones, una lenta manera de dejarse excitar en ti, en todo lo que eres tú en ese momento: suena algo delicado o enardecido, algo que suele ser ambas cosas, tenue y feroz, feroz cuando es tenue, sencillo y arrebatador; ya sólo escuchas la música de una canción, ha logrado estrangular todo lo demás, no le es necesario envolverte, tú te arrullas en sus colores sensibles, rozas despiadadamente cada nota, cada gota de su guitarra, cada lamido de su voz, cada brisa de su piano, escuchas una canción y llegas a un Nuevo Mundo, descubres sitios que ya conocías, los ves ahora bajo un sinfín de nuevos silencios, crees saber dónde guardar cada uno de sus sonidos, estás seguro de depositarla junto a tus tesoros, donde acoges a las de Marshall, donde el blues es el Rey , allí, en el lugar de las canciones de él, de Marshall Crenshaw (el auténtico príncipe del pop). Un control absoluto sobre su estupor y sus labios, ...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.