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Mostrando las entradas etiquetadas como Tenis

Luis Algorri no se inventó a Carlos Alcaraz

A Luis Fernando Pérez Algorri (dejémoslo en Luis Algorri, que es como todos le conocemos), nacido en León cinco años antes de que yo naciera y licenciado en Historia e Historia del Arte, master en Periodismo y periodista de tronío que escribe de maravilla (en Vozpópuli , a día de hoy, pero antes en El País , El Independiente , en Diario16 , en el semanario Tiempo , en El Confidencial …), estuve a punto de liarle yo hace unos añitos para que escribiera la historia de la masonería, siendo él masón y avezado conocedor de esa institución filantrópica. De 1999 es su novela Algún día te escribiré esto , publicada cuando él tenía 41 años y yo 26. Carlos Alcaraz Garfia, Carlos Alcaraz para la gloria que le espera, nació en una localidad murciana cuarenta años después que yo. Su abuelo Carlos es, se lo leo a Algorri, “el autor de la fórmula magistral que ha llevado a su nieto al éxito en el tenis: cabeza, corazón y cojones ”. En 2022 se convirtió en el número uno del ranking profesional tenís...

A Roger Federer

Hay algo demasiado hermoso en tu blancura de dios con ojos humanos, con piernas humanas, con un corazón humano; existe en cada movimiento tuyo de leve tozudez exacta una artística destreza parecida a la de un felino respirando en un museo, rodeado del pasado deseado por los mitológicos héroes, una danza eminente capaz de rendir un mundo, de reinar y ser un deber necesario; hay mucho del aire y el agua en cada desplazamiento de tus latidos, en esa manera de usar una raqueta como si con ella pudieras detener la vida y acabar con la muerte.   Ha habido que inventar el tenis para verte bailar sobre el mundo, con tus ademanes de poeta dichoso, gracias por tu elegancia evanescente, por tu batirte con gigantes como un dios, gracias por devolvernos a los humanos el fuego y el agua, gracias, caballero Roger, gracias, señor Federer de las pistas.

Venus, Serena y el método Williams

La película estadounidense El método Williams (titulada originalmente King Richard ), estrenada en 2021, de más de dos horas de duración, fue dirigida por Reinaldo Marcus Green y escrita por Zach Baylin. El método Williams nos cuenta el nacimiento de dos estrellas deportivas mayúsculas, todo un símbolo de las mujeres negras del mundo entero, las tenistas Venus y Serena Williams, pero en especial da fe de la personalidad de su controvertido y singularísimo padre, Richard Williams, de quien se traza un perfil a medio camino entre el enaltecimiento paterno y la creación de un personaje tremendamente invasivo y machacón, insobornable, en el peor sentido de la palabra. Quizás también insoportable, aunque simpaticón, buena gente. Es un film aceptable que no emociona, pues se queda entre la excelsitud de un biopic arriesgado y humanísimo y una mediocre telecomedia muy bien interpretada y contada. Más cerca de esto último a menudo. Eso sí, el largometraje se ve perfectamente de un tirón, ...

2022/2022

¿Cómo se llama esta ciudad? Lo preguntas todavía bajo los efectos del jet lag , adormecido, casi drogado de ti mismo. ¿Cuál es tu guerra cultural favorita? Otra pregunta. Te la habían hecho dos días antes, en un programa de televisión. No supiste qué responder. Quizás no entendieras bien qué quería decir eso de guerra cultural . Tú ya no quieres saber nada de guerras desde aquella de… No sé qué hago aquí, hablando contigo, contigo que existes de verdad, realmente, y casi nada sé sobre ti. Pero tengo una ventaja. Escribo. Lo que quiero. Escribo TODO lo que quiero. Aunque no puedas hacerme caso. Eso es lo de menos. Ahora podría explicar brevemente qué es eso del tenis. Contar alguna anécdota, como cuando yo veía de niño tenis en la tele y el comentarista decía aquello de entróentró . Luego Orantes, McEnroe, Borg, todos aquellos. Pero no lo voy a hacer. Explicar, contar. No. Te sigo hablando, serbio. El hotel es un hotel. Esa palabra lo puede todo: eres tú en estado puro, casi cada ...

Tenis, Nadal, tenis, Nadal, y más tenis… y un desierto (VODEVIL)

-Ramalama. -DingDong. -¿Vamos bien por aquí? -Ya estamos llegando, Rafa. -Me duele un poco un músculo de estos. -Ya estamos llegando, Rafa. -Tío, re repites más que el ruso. -¿Que el filete ruso? -No, que el Medvedev ese. -Y no me llames tío. -Pero si eres mi tío… [Son tío y sobrino: Toni Nadal y su sobrino Rafael Nadal, van caminando por un desierto, un mini desierto, como un minigolf, pero en desierto. El caso es que hace calor, claro.] -¿Es Medvedev o Medvédev? -Según. -Todavía sueño, tío, con sus piernas y sus brazos. Entiéndeme a lo que te voy. -Ya. Cuando yo te entrenaba ya apuntaba maneras el ruso. Por cierto, ¿a ti te gustaba Camilo Sesto? -No es de mi época, pero a Ibáñez Salas le tengo leído un vodevil de esos suyos en el que sale él. Y Alaska. -Alaska, ojalá estuviéramos allí. -¿Sabes que Ibáñez escribió un cuentito en el que salgo yo? -Jolines con el tal Ibáñez. [No se ve más que arena, tod...

La historia de Agassi en un libro magnífico

V einte años en el circuito mundial (1986-2006), ocho títulos de Grand Slam (ganó en cada uno de los más importantes torneos anuales), número uno del mundo durante más de cien semanas, medallista de oro olímpico y ‘autor’ de una memorable autobiografía que todo aficionado al tenis debería leer (y todo buen lector, en realidad). El maravilloso libro Open. Mi historia fue escrito en realidad por el estadounidense J. R. Moehringer (Premio Pulitzer de Periodismo en 2000), aunque el ‘autor’ del mismo sea su inconfundible protagonista, el también estadounidense Andre Agassi. Novela autobiográfica de considerable calidad, muy emotiva y didáctica, Open (originalmente publicada en 2010 y editada en español cuatro años más tarde) es una deslumbrante escenificación de toda una vida dedicada al amor y al odio a una profesión, toda una vida dedicada a la superación y al convencimiento de que en soledad nadie es nadie. “Soy un hombre joven, relativamente joven. Tengo treinta y seis años...

Sencillamente, simplemente

Se mira el cordón de la zapatilla, forrada del barrillo del lugar. Está bien atada. Firme en su presencia ausente. Ahora le cae una gota. Su sudor. No puede calcular cuánto tiempo lleva ahí, como era incapaz de saber las horas transcurridas en la plaza de su barrio donde esquivaba árboles, columpios y amigos y hasta bordillos de acera en pos de la portería sin postes, hecha de abrigos distanciados. Se pasa la mano por la frente húmeda y caliente, fregada por el flequillo encharcado, y sonríe, una de esas sonrisas estúpidas sin las que no sería capaz de seguir en pie. Sin las que nadie podría seguir en pie. Se ata el cordón del pie derecho, el de la zapatilla que antes no veía porque se había concentrado en la otra, la que parece más blanca pese al marrón que la salpica y la esconde. Y se lo ata con una lazada simple, firme pero sencilla, sin dobleces, como es él. Sencillamente Nadal. Nos mira aunque es imposible que nos vea, pero sabe que estamos aquí, asombrados de que ...