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Mostrando las entradas etiquetadas como The Cure

Las canciones de Tu sonrisa sin temblar (dos)

[ Tu sonrisa sin temblar es el cuarto libro de Víctor Colden , publicado en 2022, y está lleno de canciones. Sigo con esas canciones.]   “Aquel otoño aprendí que todo termina y que muchas veces sucede por sorpresa. Se separaban los Jam ; no podía ser, ¿pero cómo se iban a separar si apenas hacía un año que habíamos empezado a escucharlos, prácticamente acababan de sacar The gift y no dejábamos de cantar sus canciones. Dos semanas atrás, en la fiesta de cumpleaños de López Tera, Mario y yo habíamos bailado Town called malice dando nuestros famoso salto mod en cada estribillo. Fueron días de amargura y conmoción. Se separan los Jam, me repetía a todas horas en voz baja, de casa al colegio y del colegio a casa. Por primera vez comprendí una cosa de la que hasta entonces solo me había llegado un pálido reflejo a través de algunos libros, que todo lo que empezaba se acababa, que eso podía ocurrir en cualquier momento y que, a veces, los finales no se producían tras una larga deca...

A veces The Cure

1978. Tengo 15 años y Rafael Abitbol , a través de aquella magia a la que llamamos radio, les suelta a mis oídos Killing an arab … Robert Smith y los demás. The Cure . Es viernes y seguiré enamorado de ellos. Siempre es viernes. Sigo enamorado.   “Y ahora, mientras suena Boys don’t cry de The Cure, se acuerda uno cuando hace más de 35 años llevaba cintas de casete con esta y otras canciones a los bares de Águilas y no conseguíamos, o lo hacíamos a duras penas, que nos las pusieran. Bueno, ¡qué son 35 años en tiempo geológico!” Salva Lorenzo (5 de abril de 2023) 1985. Campo de fútbol del Moscardó , cerca de mi barrio, en Usera, 21 de junio, hace calor, mucho: tocan The Cure. Yo estoy allí. Somos unos siete mil. La entrada me ha costado 300 pesetas. Dos días después, en El País , Santiago Alcanda escribirá que “The Cure tiene un sonido peculiar basado en esa voz grande y siniestra, en unas guitarras insistentes y unos sintetizadores aéreos. Es una banda británica que toca...

Viernes y tú

Los viernes tienen tal condición natural de estrellas que es escuchar su ese final y me reconozco afortunado y pletórico. Viernes como un viernes sabio, respetuoso, honesto, festivo, ensoñadoramente humano. Vienes a mí hoy viernes como vienes en el vals vienés que de Lorca llegó a Cohen pasando por mi corazón y por el tuyo que es de plata y sangre: te ciernes a mí hoy viernes a mis piernas y a mi esternón de luz cantando la letra de un baile y llorando de dicha como tú sabes saberme. Vienes a mí cada viernes para ser un poema vivo para ser la plenitud del tiempo Acude el viernes sereno en su explosión vitalista; te estábamos esperando, le decimos, sabíamos que tenderías toda la ropa al sol y nos regalarías una única nube por si bebiéramos demasiado; y esta vez ella y yo queremos decirte algo antes de que te extingas, avefenixeico, razonablemente, en tu enamorado sábado: gracias por concedernos esos miles de segundos qu...

Tan lejos, aquella joya de Décima Víctima

Ojalá el silencio oscuro de la verdad esté a infinitos millones de sonidos de nuestros herederos. Tan lejos, tan final.   Año 1982. España. Madrid. Periodo histórico: Transición española a la democracia (finales). Periodo cultural: Movida (madrileña). Dos músicos españoles (Carlos Entrena y José Brena) graban junto a dos músicos suecos (los hermanos Mertanen, Per y Lars) un single que lleva en la cara A un prodigio artístico muy de la época, muy afert-punk, oscuro, pero aun así puro brillo pop de ese triste que no entristece: esa joya es la canción Tan lejos . (En la cara B suenan otras dos: El signo de la cruz y Noviembre .) El grupo que forman los cuatro lleva un año ya tocando y se llama Décima Víctima.     Décima Víctima. Esto no puede ser un poema. Primera víctima. Un verso duele sólo cada vez. Segunda víctima. España en guerra, España en paz. Tercera víctima. No hay tristeza siempre en la tristeza. Cuarta víctima. Alegría elocuente de un cora...

Las mil horas de una canción de The Cure

Las mil horas de una canción de The Cure, ese transcurso de tu existencia anómalo, ese vagar del tiempo sin el sentido que nunca tiene. Un espectáculo en ocasiones deprimente, a menudo espectacular (como buen espectáculo, claro). Las mil horas de los discos sin compañía. La música y su lujo brillando en tus sienes. Tarareas como sin ganas una melodía perfecta, quieres incluso escribir algo emocionante… Pero la emoción no surge así porque sí. Son mil horas y luego otras mil, cerca de la nada de algunos sueños soviéticos, sueños herrumbrosos y breves. Aquellas mil horas de la canción de The Cure se han instalado durante mil horas, giran en ese tocadiscos que es tu vida una y otra y otra vez, ambientando tus mil horas decadentes. ¡Qué satisfacción sientes en tu languidez¡ ¡Cuánto eres capaz de odiar el viento¡ No dejes de lamentarte, así eres el mejor.   ¿Cuánto tiempo más puedo llorar así? Mil horas desperdiciadas al día La canción A thousand hours estaba in...