Ya están en casa, tranquilos, descansados, luchan por dejar a un lado las preocupaciones del día, ¿verdad? Y ahora se disponen a leer este artículo (no se alarmen, apenas son novecientas cincuenta palabras) y les vuelvo a meter otra vez en un aprieto. Imagínense. Se encuentran en un vestuario con diez compañeros más. Se han enfundado la camiseta de su selección nacional de fútbol , representan a su país, no son unos deportistas cualesquiera, miles de compatriotas suyos esperan el triunfo, la exaltación de los valores nacionales, el patriotismo, bla, bla, bla… Es un domingo, el domingo 16 de julio de 1950 , y saltan al césped aturdidos por el coro vociferante de 175.000 personas que animan a su rival: Brasil . ¿Me siguen? Nos encontramos en el partido final del Mundial de 1950 , que se jugó en el estadio de Maracaná . Representan a la selección de Uruguay y nadie, absolutamente nadie, da un duro por ustedes. No se trata en puridad de la final...