David Lynch lleva demasiado tiempo en mi vida como para que su muerte no despierte en mí toda serie de recuerdos, conmociones y, por qué no decirlo, también algunos enojos. Parece fácil sucumbir a estas alturas a la conclusión pontificada por los dos más célebres y leídos críticos culturales de El País , Carlos Boyero y Sergio del Molino . Se diría que sus conclusiones son opuestas. Para Boyero, Lynch es un farsante que, sabiendo hacer cine de verdad , ha preferido aprovechar su crédito para someternos a insoportables laberintos artísticos que ni él mismo entiende. Para Del Molino, estamos ante un genio del clasicismo cuyas derivas surrealistas quedarán en el olvido por inanes e inútiles. El punto de partida es el mismo: el genio de Lynch sobresale en El hombre elefante y A strange story , islas de talento sólidas y accesibles en medio de un serial de títulos promovidos por un ego insufrible y un insistente ataque de falsa genialidad. Entre uno y otro crítico no veo más diferenci...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.