Cada vez que vuelvo a ver Capitanes intrépidos me siento en el viejo bote de mi abuelo y hago lo mismo que hacía el pequeño Harvey: fijarme atentamente y aprender de Manuel . Voy tomando nota de todo lo que me enseña y le pregunto si escribe esas canciones que entona cuando hace en cubierta el turno de noche y cuida de los hombres. Me dice que no, que no las escribe, que solo le vienen a los labios. Yo le digo que una canción no vale nada si se inventa y él me responde que esas son las mejores, que cuando te encuentras bien por dentro la música sale lo mismo que un huracán. Dice que a veces una canción es tan hermosa y dulce que no consigue salir afuera, que entonces mira al cielo y llora de tanta dicha, que su padre cantaba canciones mejores que las suyas dedicadas al mar, al sol y a las estrellas, canciones a las nubes y a las tormentas, y canciones chiquitas a la punta de la nariz de su madre. Entonces se emociona y le tiembla la voz. Recuerda que aquel hombre rudo fue el mejor pes...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.