La gravedad, la leve indiferencia del poder de cuanto te empuja hacia el centro de la Tierra, las plumas de un leviatán humedecido por la inocencia infantil de los océanos. La gravedad que permanece como un guardián de las ilusiones de Orfeo resucitado una y otra vez para tranquilizar todas las almas mientras un relámpago empalaga las sombras. La gravedad, la impetuosa y delicada atracción sobre las vidas y los cuerpos inertes, esa célebre institución fundamental de la física por medio de la cual sucumbimos. La gravedad, la gravedad, la gravedad… La gravedad de la gravedad o una leve ingravidez de embarazosa apariencia; apenas una mueca apenada o un alma elástica con sentidas lágrimas consentidas; endiosados adioses o dos mil canciones para dejar de creer en el creador; graves penas de los dioses, que son condenas mas no lástimas: hágase su voluntad o mejor hagamos como si no existiera en absoluto el absoluto y no fuera más que la sonrisa que ella bendice ahor...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.