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Mostrando las entradas etiquetadas como Luna

Luna, dinos os amo y nos fingiremos dioses

En la antigua luna hay reflejos de un dios distante y muerto, brilla angustiosa cada espuma solitaria, allí la noche envidia al infinito y las almas son albaricoques, allí los sonidos son ecos de un extinguido deseo, allí reina una laxitud de quimera anestesiada. En la antigua luna las pisadas de los hombres se disiparon mientras aquí, en el espacio interior , seguimos creyendo en los átomos y en la sabiduría de los ordenadores.       Mientras haya Sol y se funda en la Luna podremos fingirnos dioses llorar multitudes o ser seres serenos. Mientras haya Luna y se refleje en el Sol cantaremos luciérnagas felices y felinos y fieles de espaldas al oleaje. Mientras haya tormentas resaca y cumbres tendremos pasiones pero también dolor seremos adioses fugaces       Podría escribir uno de esos poemas para agradecerle al Universo cualquier cosa, para agradecerle su nombre… U N I V E R S O...

Discusión entre el Sol y la Luna (un cuento de Luisa Horno)

Hay unas pocas horas en el día, que no recuerdo cuáles son, en que el Sol y la Luna coinciden en el cielo, o sea, que los puedes ver a los dos. Aquel día en concreto, los dos estaban enrojecidos, como a punto de estallar. Estrella, que era bruja, desde su ventana y con el telescopio nuevo, los oía perfectamente: - Que te vayas de una vez, ridícula, que ahora me toca a mí. La Luna se reía, porque estaba en cuarto creciente, aunque ya muy pálida: - Mira el envidioso, que se cree el astro más importante de la galaxia... - ¡Y lo soy! Lo soy, al menos hasta que el cambio climático o cualquier otro desastre venidero cambie todo esto. - Y tú, tan majestuoso, te crees todas esas bobadas... (Ella también se las creía, pero no podía quedarse sin decir la última palabra). El Sol, con el ceño fruncido, comenzó a soplar; acudieron un tropel de nubarrones y taparon a la Luna. También, en unos minutos, taparon al Sol, pero se quedó tranquilo. Cuando se fueran las nubes, estaría de nue...

Tintín y la historia real (tercera entrega); por Ángel Rodríguez Cardona

Viene de   Tintín y la historia real (segunda entrega) Como dijimos en la entrega anterior, hemos alcanzado la época dorada de las aventuras de Tintín. En ella se publica el resto de álbumes dobles, lo que precisa de  argumentos complejos muy bien elaborados y con mucha acción  para mantener la atención del lector durante tantas páginas. Estamos en 1944, y el final de la Segunda Guerra Mundial va a alcanzar de lleno a Hergé, que no advierte que su labor como dibujante pueda ser considerada como traición a la patria, ni las consecuencias que de ello se puedan derivar.   Las 7 bolas de cristal   y   El templo del Sol La publicación de  Las 7 bolas de cristal  se hace, como es habitual, serializándola a través de las páginas del diario  Le Soir , a finales de 1943. La historia bebe de la llamada por la prensa  maldición de Tutankamon , que como consecuencia del descubrimiento de ...

En la luna

No estás aquí. Estás en la luna. Te lo dicen mucho. Como en la canción de Tequila , tú, a veces, también se lo dices a ellos. O a ti misma. Pero no te das cuenta que en la luna yo estoy . En la luna. En la Luna. Desaparecida, como un Collins sin arreglar el trastero de su casa acá en la Tierra mientras los otros dos se dan una vuelta por la diosa astral. Quizás no seas del todo de este mundo y la literatura sea incapaz de explicar cómo deben ocurrir las cosas, ni siquiera cómo acaban ocurriendo. Pero esto no es literatura, ¿verdad? Esto tuyo que alguien escribe mientras tú estás con tus pensamientos detenida en un recuerdo de un verano en una playa de Jutlandia. Viendo la luna de Jutlandia . La fría mancha limpia sobre el oscuro firmamento espejo de dos mares inconclusos en la tempestad. Esto tuyo así escrito no es literatura. Involucrada en la vulnerabilidad. Así se te ve desde la altura del omnímodo dios narrador omnívoro, el dios que todo lo sabe, que todo lo tiene, el d...

Dedicado a Michael Collins: él sabría por qué

Era la aurora todavía una chiquilla adormecida en el silencio moderno de la ciudad continental, y yo caminaba hacia mi sustento artificial desde mi sustento emocional, que seguía durmiendo en nuestra cama; me detuve un instante sorprendido por la presencia de ese ser gigante, atraído por aquella blanca destreza tan cercana desde su inmensidad sideral, la miré y quise decirle algo pero no pude, no supe, sí quise, sí recité para mi corazón de plata algún verso que no recuerdo ni quiero ni sé ni puedo; llegué hasta ese hueco subterráneo donde duermen los trenes urbanos y, ya despierto uno de ellos, me acercó hasta la estación del padre de la Luna para seguir yo mi ruta hasta un lugar llamado Tres Cantos; y en el transcurso de este viaje diario entre mi vida y la vida di en meditar sobre el poco caso que le hacemos a la Luna y en lo mucho que ella nos contempla desde allí arriba, desde el reino de las estrellas, el teatro que hipnotizó a los seres humanos cuando no sabían serlo, el drama...