Los casi 300 minutos de la serie estadunidense de televisión Érase una vez en el Oeste , compuesta por seis violentísimos episodios repletos de furia, no son un plato de gusto , como se dice en mi idioma. Aunque para mí sí lo han sido, si evito el trasfondo de la expresión. Porque disfrutar de ella es sufrir. No sufrirla, ojo. Que Érase una vez en el Oeste podría haberse titulado perfectamente Aquí no queda ni el apuntador ( Aquí no hay quien viva ya estaba cogido), también te lo digo. No me resisto a reproducir la sinopsis que hace de ella FilmAffinity (donde es la número 75 de las Mejores Miniseries de televisión de siempre): “en el salvaje territorio de Utah, el ejército de Estados Unidos, la milicia de los mormones, los indios nativos americanos y los pioneros libran una dura batalla por la supervivencia. En ese contexto, una madre y su hijo huyen de su pasado mientras se enfrentan a un duro panorama de crueldad y violencia en el viejo Oeste”. American Primeval (algo así...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.