Existen cuatro tipos de órdenes, de convocatorias, a los que uno suele atender, o no, en su vida. El primer tipo de órdenes ni siquiera lo es, pues son órdenes que nadie te las tiene que dar nunca: por ejemplo, respirar o escuchar Hungry Heart . El segundo tipo de convocatorias ya requiere de al menos una ocasión en la que se te ordene algo, pues alguien te ha de decir, al menos una vez, puede que dos, como mucho, que hagas algo: son los Josésúbete de mi madre cuando yo era crío y jugaba en las calles de mi barrio y ella me llamaba desde una de las ventanas de nuestra casa. El tercer tipo de proclama ya necesita de varias insistencias, y uno acaba finalmente, las más de las veces, sucumbiendo a esos cantos de sirena amables y afables: hablo de cuando alguien te insiste para que vayas a ver una peli, para que leas un libro… o para que lo escribas. Y el cuarto tipo de convocatorias, quizás órdenes, es ese que tienen que conmoverte, emocionarte, sugestionarte, una y otra vez, ...