Las ranas del Albarregas en verano olían a cieno. Junto al puente de hierro pequeño -el grande es por el que pasan los trenes por encima del Guadiana- las orillas se estrechaban. No había más de tres o cuatro metros de distancia entre una y otra. El fondo del río estaba lleno de cieno y barro. Y en las orillas había juncos, basura y piedra. Las piedras eran el lugar favorito de las ranas para sestear. Y era en la siesta cuando más ranas cazábamos. Más fácil era por la noche pero cuando se iba la luz las dejábamos tranquilas porque eran grandes cazadoras de mosquitos -en el Albarregas los había a millones-. langostos (saltamontes) y lagartijas pequeñas. Los del Barrio -calles Augusto, Duque de Salas y 18 de Julio y poco más- pasábamos tantas horas en el Albarregas que las ranas nos consideraban parte de su hábitat natural. Yo creo que por eso nos resultaba fácil atraparlas. La mayoría de las veces las entallábamos con las manos. Nos poníamos en cuclillas al borde del agua y...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.