En mi mocedad no solo leí a Torcuato Luca de Tena, también, y entre otros escritores, al sacerdote jesuita José Luis Martín Vigil. Yo era adolescente, como los personajes de sus novelas. Me gustaba jugar al fútbol, dar vueltas con la bici. Ya empezaba a fugarme de clases (ese hábito lo empecé en octavo de EGB), cuánto más pensaba en las mozas del pueblo menos pensaban ellas en mí... hasta que con quince años me dio por pisar los bares. Los amigos íbamos a beber a los sitios más baratos. Chatos de vino en el mesón Emérita, en lo que ahora es el bar 2002 o en el bar Sol, donde con tres chatos o tres cañas y sus correspondientes platillos de pestorejo íbamos comidos para casa. Litronas de Skol en el Mirador, botellines de Águila por el mediodía o litros de Larios con cola por la noche en el bar Juan o en el Pablo. Nada de eso se contaba en las novelas de Martín Vigil, en ellas se hablaba de camaradería, pero yo notaba que les faltaba algo. No conocía la sutil censura franquista que ...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.