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Mostrando las entradas etiquetadas como Joan Manuel Serrat

Mi primer Serrat (por Miguel Cobo Rosa)

Recuerdo todavía la ceremonia de aquel descubrimiento como quien recuerda el primer relámpago de juventud que le iluminó la sangre. En Torreperogil, donde el mundo llegaba con retraso y las novedades tardaban lo mismo que una carta de amor escrita desde otro continente, no había tiendas de discos ni escaparates donde asomarse al porvenir. Había que imaginar la música antes de escucharla. Yo pedí aquel EP de Serrat por correo a Edigsa, en Barcelona, como quien solicita clandestinamente una botella con mensaje lanzada desde el Mediterráneo . Durante semanas el cartero se convirtió en una figura casi sagrada; cada día que doblaba la esquina traía la promesa de una revelación. Y una mañana trajo el sobre: humilde, ligero, con el misterio intacto de las cosas destinadas a cambiarte la vida. Al posar la aguja de mi Dual sobre aquellos microsurcos sentí que desde un pequeño tocadiscos entraba de golpe un aire nuevo en España: la emoción limpia, la melancolía elegante y la inteligencia sentime...

Decir amigo (por Miguel Cobo Rosa)

Estaba escuchando la preciosa canción de Serrat Decir amigo y al evocar el ámbito personal a que nos retrotrae he reflexionado sobre alguno de los aspectos de estas relaciones que no siempre, desafortunadamente, se conservan. Los niños y adolescentes hablan de sus amigos como si el mundo fuera, ante todo, una red interminable de nombres propios: cumpleaños, viajes imaginados, tardes compartidas que se encadenan sin pausa. En esa abundancia hay algo casi físico, una prueba de que la amistad, en sus primeras formas, es expansión pura. Pero al escucharlos, uno no puede evitar advertir el contraste: crecer parece implicar lo contrario, una lenta reducción del círculo. En la vida adulta, la amistad ya no se multiplica con la misma facilidad. Más bien se erosiona. No por una ruptura concreta, sino por un desgaste silencioso: los horarios que no coinciden, la lejanía geográfica, las prioridades que se desplazan, los rasgos que antes eran tolerables y ahora resultan decisivos. Entre todas...

¿Qué me estás cantando?, Fidel Moreno (toma tres)

De 2018 es el espléndido libro ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones , obra del escritor, músico y periodista Fidel Moreno .   La música de sus padres Lo primero que suena en esta segunda parte de ¿Qué me estás cantando? son las canciones de Paco Ibáñez , “el abanderado cultural de la resistencia antifranquista, en España, en Francia y en América Latina”. Escuchamos por ejemplo Palabras para Julia (1968: adaptación musical suya del espléndido poema de José Agustín Goytisolo que dormía en un cajón, cedido por el poeta al cantante por si le pudiera acabar sirviendo), La poesía es un arma cargada de futuro (poema de Gabriel Celaya), Andaluces de Jaén (del poema ‘Aceituneros’ de Miguel Hernández), A galopar (de Rafael Alberti)… Continúa Moreno con Raimon . Con Al vent (aquel himno antifranquista), compuesta en 1959, el año de inflexión desde la crudeza de los malos tiempos procurados por la torpeza del franquismo hasta el comienzo del desarrollismo (n...

Érase una vez… Temps era temps

Primer tiempo En tiempos… Tómate tu tiempo. De tiempo en tiempo. Detener el tiempo. De un tiempo a esta parte. Robar el tiempo. Démonos un tiempo. Dale un tiempo. Dale tiempo. Pasatiempo.   En el entretiempo.   Segundo tiempo Pasa el tiempo. A tiempo. Con tiempo. Sin tiempo. A destiempo. A contratiempo. [Tener un contratiempo.] No tengo tiempo. Nadie tiene todo el tiempo del mundo. Se acabó el tiempo. Y si no… al tiempo.   La flecha del tiempo Desde el pasado amortizado al futuro abierto: el tiempo . El tiempo físico. El tiempo psicológico. Y el tiempo social (el que inquieta a los historiadores) .   ¡Qué tiempos aquéllos! [El otro tiempo, el meteorológico, no es el clima.]

La guerra, la música y nosotros

Ser la morsa, brillar con diamantes en el cielo (o en el cielo con diamantes, como gustes), antes de ser ella, la que se va de casa, igual que la chica de la canción de Serrat (sí, qué va ser de ti), la que se va de casa dejando a la adorada Rita con la lengua fuera mirándola, esperando su regreso, regresa, parece decirla, regresa antes de irte, cuando tengas 64 años yo ya estaré muerta, ayer lo dejaste así, ahora eres alguien de ningún lugar, pero con la pequeña ayuda de tus amigos no necesitarás salir por la ventana del baño porque, Michelle, el loco de la colina aquella, sí, el tal Maxwell, el del martillo de plata y los sueños dorados, podrá solucionarlo, cargará con todo ese peso en un mágico viaje lleno de misterios, y, si no, recurramos a Polietileno Pam, el Rey Sol, le diremos oye, Jude (sé que no se llama así), tras el largo y tortuoso recorrido solamente podremos mejorar, con ayuda, socórrenos, ayúdanos, hazlo por una vez en la vida, como si todo lo que quedara por delante no...

Nanas de la cebolla: sé de un lugar

“La Sociedad general de Autores de España al poeta Miguel Hernández, que compuso, en este lugar, las famosas Nanas de la cebolla en septiembre de 1939. ‘La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tus días y de mis noches’. Se inauguró esta placa el 15 de octubre de 1985, con motivo del homenaje nacional a Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández”.   Eso reza la placa callejera que engalana la fachada de un edificio madrileño en la calle del Conde de Peñalver, en su número 53. En este lugar , leemos… ¿Y qué lugar fue ese? Te huele a chamusquina, ¿verdad, lector?, sabiendo lo que se sabe de las circunstancias en las que el poeta escribió ese hermosísimamente doloroso poema, uno de los mejores y más tremendos escritos jamás en lengua alguna. La calle del Conde de Peñalver se denominó hasta 1941 calle de Torrijos. En el número 65 de aquella entonces llamada calle de Torrijos tenía su sede una de las veintiuna prisiones habilitadas en la c...