En la infancia había algo anómalo, ocurrían cosas extrañas, teníamos pistolas y espadas, puñales y fusiles; muchas veces ni los veíamos, pero estaban ahí en nuestras manos y hacía puuum o putschhh o yo que sé, un ruido que mataba al otro, aunque a veces había quien se resistía y teníamos que insistirle: estás muerto. También cantábamos sin micrófonos pero cogiendo uno hecho de un aire perfecto y era como si fuéramos Raphael o Elvis o Luis Mariano. Ay del rocanrol y la vida, de mi vida y sus ritmos diarios, de los ritmos y mis emociones, de mis emociones y el deseo, del deseo y la memoria: de los días en que todo podía ocurrir (y ocurrió: está ocurriendo). Jim y Jimmy y Janis y Elvis… os adoro. hablo contigo ELVIS no necesito rezarte tengo ese privilegio o esa facilidad sé que estás muerto pero me da igual te escucho cantar puedo olerte incluso verte también por supuesto te hablo a menudo menudo chollo sin venir a cuento así por la cara te sigo adorando Elvis más ...