Me entero por mi amigo el escritor, el crítico, el poeta, el ser humano que es Manuel Rico de una anécdota en la que otro poeta —a quien él mismo le escribiera, le dedicara un par de poemas— jugaba a menudo al dominó con gente de su barrio y que esos compañeros de partida solamente supieron a su muerte que con quien ellos movía aquellas fichas era un auténtico gigante de la palabra y la magia de los versos. Y entonces me veo obligado a escribir un cuento, un breve cuento. Este cuento. El que la piensa la caga. Suena el dicho como un latigazo de seda metálica en el bar a aquella hora de la tarde, casi noche ya. Yo no lo hubiera dicho mejor. Contesta otro de los de la mesa. Los que no juegan miran y dan tabaco. Sentencia sin venir a cuento un tercero de los jugadores. El cuarto sigue mudo con la colilla moribunda en el lateral de sus labios casi porcinos. Mirando, tres hombres más, sentados con los respaldos de sus sillas bajo sus manos viejas de viejos recientes...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.