Esta semana he vuelto a ver (o quizás, solo «he visto») Cuenta conmigo (1986), de Rob Reiner, a la que consideraba una de mis películas favoritas de la infancia. En mi cabeza, la famosa escena en la que los protagonistas cruzan un río atravesando unas vías ferroviarias se solucionaba con los chicos tendiéndose sobre las vías y el tren pasando por encima sin tocarlos. En la película real, corren y al final saltan sobre un terraplén. Pero las anomalías no acaban aquí. Cuando vuelves a ver una película que te gustó, después de muchos años, lo normal es que reconozcas algunas escenas olvidadas al visualizarlas de nuevo. Esto no me estaba ocurriendo con Cuenta conmigo : algunas de sus escenas eran totalmente nuevas para mí. He empezado a pensar que, tal vez, en realidad nunca había visto la película de Reiner basada en un cuento de Stephen King, y que pertenece al grueso de las películas que mi amigo A me contaba en el patio del colegio. A fue el primero de mis amigos en tener vídeo, y...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.