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La felicidad son instantes que arden: la excelencia de Sueños de trenes


La película estadounidense Sueños de trenes es el segundo largometraje dirigido por Clint Bentley y es extraordinaria, de una dura belleza ejemplar. Train dreams, ese es su título original, se estrenó en 2025, dura poco más de cien medidísimos minutos y fue escrita por el propio Bentley junto a su colaborador por antonomasia, Greg Kwedar, adaptando la novela homónima del escritor estadounidense Denis Johnson (Train dreams), publicada en 2002 y traducida por Javier Calvo a mi idioma (como Sueños de trenes) doce años después.


La interpretación de su protagonista, Joel Edgerton, es sencillamente excepcional, de una sobriedad abismada y elocuente grandiosas, pero estar acompañado por las de Felicity Jones, el siempre maravilloso William H. Macy, Kerry Condon y Nathaniel Arcand también ayuda a que Sueños de trenes sea la preciosidad artística que es, con esa portentosa fotografía de la que fue responsable Adolpho Veloso.

De ella escribió en El País el crítico cinematográfico Carlos Boyero que es “un precioso wéstern sin tiros” en el que “todo fluye. Es sentimental sin el menor empalago. Es veraz, lírico, emotivo”. Estoy de acuerdo.

La canción del mismo título que el filme, cantada por Nick Cave (compuesta por él y por el autor de la excelente música que suena en él, Bryce Dessner, del grupo de rock The National), cierra esta joya:

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