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Mostrando las entradas etiquetadas como Paul Cézanne

La mirada de Paul Cézanne

El primer artista que pintó usando ambos ojos. Aquellas manzanas son bañistas en las colinas de la vida. Toda la modernidad humana en tu paleta naranja y verde y azul y absoluta… Tierras clásicas en los museos inabarcables, desafío espléndido, poderío moral. Jugando a los naipes en la casa de la luz, desde la oscuridad siniestra hacia donde cada cosa acaba muriendo en el monte Santa Victoria. De tus brochazos brotamos personas o pliegues de manteles o botellas o paisajes de ocres… Bodegones, naturalezas muertas, una butaca roja. Perspectivas sin un pasado, sin futuro, acuarelas y óleos, mi alma seducida por un baile detenido. Ninguno de tus desnudos engaña a los árboles: Cézanne, al final, la luz, el color, la forma. Siempre la luz, el color y la forma. Tu sensible luz misteriosa, tus colores y tus formas. Ahora lo comprendo todo: realmente tú, Paul, fuiste su padre. El padre de todos nosotros .   “Una sola obra de Cézanne es un mundo, es un alma hecha...

¿Una historia de la pintura?, por Carmen Pinedo Herrero

Veinticinco obras de arte o pintores, me dice. Yo me pongo lopesca y, aunque José Luis Ibáñez no sea Violante, pienso que “en mi vida me he visto en tanto aprieto”. ¡Veinticinco! ¿Qué hago con todos los demás? Y entonces rizo el rizo, doy una vuelta de tuerca y digo: si es una misión imposible, que lo sea aún más. Quince. Restar, siempre restar: ir a la desnudez extrema. Bien, allá voy. Sorprenderán algunas ausencias, no sé si también algunas presencias. Al margen de los artistas aún vivos, estos son algunos de los que me tocan el alma: dejadme que hable de ellos a mi manera. Giotto, Expulsión de los demonios de Arezzo Giotto da Bondone (1267-1337). La carne, las miradas, los gestos, el desconsuelo de los ángeles, las ciudades de colores. Esos edificios que quiero llevarme a la boca y saborear, porque, sabéis, siempre siento ante la arquitectura, real o pintada, el deseo de comérmela, pieza a pieza. Giotto, puerta abierta para lo que sale y para lo que entra a través de ella: nosotros...

Cézanne, clasicismo moderno; POR Alfonso Blanco Martín

El siglo XIX es el siglo del arrebato tecnológico y vital de los humanos sin pensar en sus consecuencias, incluso confiando en las mismas, incluso esperando esperanzadoramente (sin tener en cuenta al conjunto de humanos del mundo) que la mejora de la condición humana europea y norteamericana estaba servida y que la tierra era una pelota inagotable al servicio del animal de los inventos, de nosotros mismos. El siglo XX quiso sentirse más importante que su padre con sus extremos tecnológicos y su liberalización de conductas y economías. La perspectiva del tiempo que nos proporciona habitar otro siglo nos ha enseñado que solo superó a su predecesor en violencia y falta de soluciones para lo que se empezó a comprender que era la esperanza: un absurdo impostado . El arte muestra y transfigura las bondades y maldades humanas, tanto como es seguidor de las mismas, del tiempo en que se ofrece o incluso va más allá: muestra, sigue y funda las “malbondades” que el humano va recreando c...