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Mostrando las entradas etiquetadas como Pintura

Rafael Canogar y el ser de pintor

Nacido en Toledo en 1935, Rafael García Cano Gómez no es desde hace tiempo Rafael García Cano Gómez, es Rafael Canogar, hasta el punto de que su hijo Daniel, también creador artístico, no solamente se hace llamar Daniel Canogar, es que se llama Daniel Canogar. Rafael Canogar pinta y esculpe desde 1949 y como su mayor reconocimiento fue premiado, en 2003, con la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes. En abril de 2025 tuve la oportunidad de disfrutar una antología de su obra en el madrileño CentroCentro, esa fabulosa sala de exposiciones (área cultural, por mejor decir) albergada en el edificio singular donde se aloja el mismísimo Ayuntamiento de la capital de España (llamado ahora Palacio de Cibeles, aunque originariamente, desde su erección en las primeras décadas del siglo XX, fue el Palacio de Telecomunicaciones, según proyecto de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi). Una antología denominada Rafael Canogar. [I]Realidades [Obras 1949-2004] , cuyo comisario, Alfonso de la T...

Javier de Juan y los símbolos de mi generación

Se nace el 13 de septiembre de 1958. ¿Dónde? En la explotación minera de La Cruz, en la andaluza Linares, en Jaén. Se nace y se es Javier de Juan. Se nace cinco años antes que yo. Javier de Juan, tan madrileño como muchos madrileños que nacen donde quieren y pueden o saben, es mucho más que un artista plástico, multidisciplinar (sí, por supuesto), es un creador, así a lo grande: Un Creador. Yo supe de él en 1984, cuando aquella revista de historietas, aquel tebeo, aquel cómic llamado Madriz , fruto del esfuerzo del Ayuntamiento de Madrid por hacer de lo creativo un monumento social de convivencia, nació para que en sus escasos tres años me pusiera en mi sitio. ¿En cuál? No importa. Mi sitio. Javier de Juan imagina y da a la luz tras explorar todos los lenguajes creativos. Dibujante antes que nada, pintor de carteles (el primero suyo es de 1975 y fue para anunciar un concierto madrileño de Suso Saiz), grabador (obtuvo el Premio Nacional de Grabado en 1995), dibujante y escritor de ...

Mi padre en la Gran Vía

El artista ciudadrealeño Antonio López estuvo pintando entre 1974 y 1981 su famosa vista de la Gran Vía. Leo en la web del Museo Thyssen-Bornemisza que no es otro paisaje anónimo, sino más bien “el retrato de un lugar único”. El pintor describe lo inerte al tiempo que “va aplazando (indefinidamente) el trabajo sobre todo aquello que se mueve (figuras humanas, automóviles, nubes)”. Mi padre lo veía a él alguna mañana cuando iba a trabajar y estaba allí pintando, imagino que muy temprano, a menos que yo recuerde mal lo que me contó y cuando le veía no era al llegar Ricardo a su banco, el Vizcaya, tan cercano de donde López se ensimismaba para ensimismarnos, sino cuando salía a almorzar con los compañeros algo más tarde. (Sé ahora que el artista pintaba siempre al amanecer, y lo hacía, al parecer, con la luz del verano, y no en otra estación…) No importa, mi padre vio a Antonio muchas veces pintando ese cuadro. Y yo, que no necesito a López para recordar a Ricardo, creo que es herm...

La mirada de Paul Cézanne

El primer artista que pintó usando ambos ojos. Aquellas manzanas son bañistas en las colinas de la vida. Toda la modernidad humana en tu paleta naranja y verde y azul y absoluta… Tierras clásicas en los museos inabarcables, desafío espléndido, poderío moral. Jugando a los naipes en la casa de la luz, desde la oscuridad siniestra hacia donde cada cosa acaba muriendo en el monte Santa Victoria. De tus brochazos brotamos personas o pliegues de manteles o botellas o paisajes de ocres… Bodegones, naturalezas muertas, una butaca roja. Perspectivas sin un pasado, sin futuro, acuarelas y óleos, mi alma seducida por un baile detenido. Ninguno de tus desnudos engaña a los árboles: Cézanne, al final, la luz, el color, la forma. Siempre la luz, el color y la forma. Tu sensible luz misteriosa, tus colores y tus formas. Ahora lo comprendo todo: realmente tú, Paul, fuiste su padre. El padre de todos nosotros .   “Una sola obra de Cézanne es un mundo, es un alma hecha...

¿Una historia de la pintura?, por Carmen Pinedo Herrero

Veinticinco obras de arte o pintores, me dice. Yo me pongo lopesca y, aunque José Luis Ibáñez no sea Violante, pienso que “en mi vida me he visto en tanto aprieto”. ¡Veinticinco! ¿Qué hago con todos los demás? Y entonces rizo el rizo, doy una vuelta de tuerca y digo: si es una misión imposible, que lo sea aún más. Quince. Restar, siempre restar: ir a la desnudez extrema. Bien, allá voy. Sorprenderán algunas ausencias, no sé si también algunas presencias. Al margen de los artistas aún vivos, estos son algunos de los que me tocan el alma: dejadme que hable de ellos a mi manera. Giotto, Expulsión de los demonios de Arezzo Giotto da Bondone (1267-1337). La carne, las miradas, los gestos, el desconsuelo de los ángeles, las ciudades de colores. Esos edificios que quiero llevarme a la boca y saborear, porque, sabéis, siempre siento ante la arquitectura, real o pintada, el deseo de comérmela, pieza a pieza. Giotto, puerta abierta para lo que sale y para lo que entra a través de ella: nosotros...

Juan Gris, breve biografía

El pintor español  Juan Gris , que, desde los 19 años, desarrolló su carrera en Francia, es uno de los maestros del movimiento artístico conocido como  cubismo . Dejó escrito su pensamiento en lo relativo al  arte pictórico  en numerosos artículos que han sido publicados en ocasiones junto a algunas de sus conferencias y junto a parte de su correspondencia. Madrid, 23 de marzo de 1887: nace  José Victoriano González Pérez , quien estudiará entre 1904 y 1906 en la Escuela de Artes e Industrias madrileña, pero que se decantará hacia el arte hasta el punto de trabajar como ilustrador de publicaciones tales que las revistas  Blanco y Negro  o  Madrid Cómico .  Aquel año de 1906 es el mismo en el que adoptó el sobrenombre de  Juan Gris , así como el que decidió trasladarse a París, y dado que así evitaba prestar el servicio militar fue declarado prófugo. En la capital de Francia se relacionó con una pléyade de artistas, intelectuales y lite...

El arte, siempre; por Alfonso Blanco Martín

El año pasado se cumplieron quinientos años del nacimiento de uno de los más impresionantes artistas plásticos que han existido, Jacopo Robusti, conocido como Tintoretto . Una de sus más extraordinarias composiciones, datada alrededor de 1547, se encuentra en el Museo del Prado. Mi gusto particular hace que el Lavatorio de Tintoretto sea uno de mis cuadros favoritos, aunque esto no signifique nada. Mi subjetividad es una más entre otras y solo se suma a los millones de granos de arena del resto de subjetividades vivas por el mundo. Pero esa subjetividad, esa elección y gusto particular, me ha llevado a ahondar más en la obra y quizá, solo quizá, poder afirmar que esa obra contenga algo más o mejor que mi particular gusto por ella, que quizá represente un momento álgido del arte que merezca la pena describir y ahondar. Vamos a intentar desentrañar un poco si esto que afirmo pudiera ser verdad. La perspectiva, su falsedad y su pretendido realismo podrían apuntar en...

La más famosa rendición de todos los tiempos (españoles)

La Guerra de Flandes , o de los Países Bajos, enfrentó a la Monarquía Hispánica con sus súbditos de Flandes desde 1566 hasta 1648. De hecho, fue asimismo parte de la llamada Guerra de los Treinta Años, y una de las razones de la intervención… española en la misma. El genovés Ambrosio de Spínola , al frente de las tropas españolas, rindió la ciudad neerlandesa de Breda, en la región de Brabante, un 5 de junio. Era 1625 y la cosa aun no pintaba mal del todo para lo que se le avecinaba a los Austrias hispanos . Pero aquella conquista ha sido más conocida por un lienzo. Aquel en el que se representa la entrega a Spínola de las llaves de la ciudad de Breda a cargo de su gobernador, Justino de Nassau . La rendición de Breda , más conocido como Las lanzas , lo pintaría años después un pintor genial, Diego de Silva Velázquez , para el madrileño palacio regio del Buen Retiro. Hoy lo podemos disfrutar en el Museo del Prado.

Cézanne, clasicismo moderno; POR Alfonso Blanco Martín

El siglo XIX es el siglo del arrebato tecnológico y vital de los humanos sin pensar en sus consecuencias, incluso confiando en las mismas, incluso esperando esperanzadoramente (sin tener en cuenta al conjunto de humanos del mundo) que la mejora de la condición humana europea y norteamericana estaba servida y que la tierra era una pelota inagotable al servicio del animal de los inventos, de nosotros mismos. El siglo XX quiso sentirse más importante que su padre con sus extremos tecnológicos y su liberalización de conductas y economías. La perspectiva del tiempo que nos proporciona habitar otro siglo nos ha enseñado que solo superó a su predecesor en violencia y falta de soluciones para lo que se empezó a comprender que era la esperanza: un absurdo impostado . El arte muestra y transfigura las bondades y maldades humanas, tanto como es seguidor de las mismas, del tiempo en que se ofrece o incluso va más allá: muestra, sigue y funda las “malbondades” que el humano va recreando c...

Cartas a Théo (sobre mis libros favoritos, toma uno), por Matías Crowder

Quizás sea uno de los mejores libros jamás escritos. Referencia de pintores y escritores de todo el mundo, Cartas a Théo es una muestra vibrante del genio de Vincent van Gogh . De una intensidad propia de la escala Richter, resulta una autobiografía quirúrgica , una declaración estética, la mecha encendida de una revolución latente y futura. Como “rata de biblioteca” que soy, siempre regreso a hojear y releer cuatro o cinco libros, entre ellos la Biblia, La divina comedia , En el camino y Cartas a Théo . He visto este último libro en los estudios de decenas de pintores, mi padre era pintor y solía enviarme como aprendiz al lugar de trabajo de otros pintores de la ciudad de La Plata, siempre lleno de restos de óleos, con sus hojas ya perdidas por la humedad, abiertas en abanico. Le he hallado en viejas ediciones de rastrillo, cubierto de polvo en estanterías de libros usados, como una joya perdida en un mar de papel en desuso. Siempre, por alguna razón u otra, Cartas a Théo ...

Maudie, el color de la vida

No tenía ni idea de quien fue Maud Lewis hasta que recientemente vi una película hermosísima dedicada a su vida y a su obra de artista que no sabe que lo es: Maudie, el color de la vida , dirigida en 2016 por la irlandesa Aisling Walsh , que siguió un guion impecable escrito por la actriz y escritora canadiense Sherry White . Después de conmoverme con esta película extraordinaria, navegué por el hiperespacio y di con muchos de los infantiles y sencillos cuadros que Maud pintó. Y ahí estaba Maudie, ahí estaba la protagonista del film. Ahí estaba Sally Hawkins , la actriz que es Maud Lewis en la película de Walsh, pintando con esos colores suficientes, luminosos, pintando lo que Maud supo ver en la vida desde su alma bondadosa. Maud Lewis debió de ser de esas personajes que hacen mejor cuanto miran, cuanto tocan. CUANTO AMAN. La peli va de eso, y es así que es una peli inmensa. Reí y lloré viéndola. Cuanto amo .

El Grito intenta vencer en medio de la desdicha

Skrik Skrik Skrik No conseguimos escuchar El Grito porque enmudecemos al verlo y así no hay manera de que el frío incomprensible del arte se convierta del todo en el ascua donde estar en ascuas; presos de la férrea disciplina inmersa en la belleza aterradora de la soledad del alma, no somos capaces de eludir El Grito y, finalmente, estalla sobre el silencio de la derrota como un disparo de sangre, como un atardecer rojo fuego, sin que las manos puedan suspender el dolor de la voz desgarrada que no necesita auxilio pero lo solicita angustiada, humana. No somos capaces de concebir El Grito, únicamente lo sabemos ahí, al borde del camino que seguimos mientras El Grito intenta vencer en medio de la desdicha que tan bien se nos da a los que destruiremos la Tierra. Y, al final, la esperanza, la esperanza de que El Grito sea una mentira más, la mentira definitiva de los que robaron el arte a los dioses para invent...

Alfred Hitchcock y Edward Hopper, de Carmen Pinedo

De niños nos entreteníamos ante el televisor con el “juego de Hitchcock” . Supongo que muchos de vosotros habréis jugado: se trataba, por supuesto, de identificar al director británico en sus efímeras apariciones ante la cámara. ¡Es el que sale del ascensor!, gritábamos. ¡El señor que cruza la calle! ¡El que pasea al perro! El cine de Hitchcock ofrece otros juegos posibles, pero que, en la infancia, no estaban a nuestro alcance: por ejemplo, identificar las obras de arte que inspiran determinadas escenas. ¡Un Magritte, un Braque, un Munch! Y, por supuesto: ¡un Hopper! Por una parte tenemos a Alfred Hitchcock, gran aficionado al arte y coleccionista. En su colección figuraban obras de Paul Klee —su artista favorito—, Giorgio De Chirico, Georges Rouault, Maurice de Vlaminck, Raoul Dufy y muchos otros artistas. La lista de pintores cuyas huellas pueden distinguirse en sus películas es extensa: Dante Gabriel Rossetti, Man Ray, Salvador Dalí, Georges Braque, René Magritte, George G...