De niños nos entreteníamos ante el televisor con el “juego de Hitchcock” . Supongo que muchos de vosotros habréis jugado: se trataba, por supuesto, de identificar al director británico en sus efímeras apariciones ante la cámara. ¡Es el que sale del ascensor!, gritábamos. ¡El señor que cruza la calle! ¡El que pasea al perro! El cine de Hitchcock ofrece otros juegos posibles, pero que, en la infancia, no estaban a nuestro alcance: por ejemplo, identificar las obras de arte que inspiran determinadas escenas. ¡Un Magritte, un Braque, un Munch! Y, por supuesto: ¡un Hopper! Por una parte tenemos a Alfred Hitchcock, gran aficionado al arte y coleccionista. En su colección figuraban obras de Paul Klee —su artista favorito—, Giorgio De Chirico, Georges Rouault, Maurice de Vlaminck, Raoul Dufy y muchos otros artistas. La lista de pintores cuyas huellas pueden distinguirse en sus películas es extensa: Dante Gabriel Rossetti, Man Ray, Salvador Dalí, Georges Braque, René Magritte, George G...