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Mostrando las entradas etiquetadas como Bee Gees

Qué profundo es tu amor (por Justo Serna)

Valencia, otoño, hacia 1979. Calle Ramón Gordillo. Sábado por la tarde. Ahí estoy yo, entro acompañado en el Vanessa . Ingreso con la valentía torpe de quien confunde el atrevimiento con el estilo. Al poco pido una Coca-Cola… en un mar de gin-tonics. El mío es un gesto de pureza gaseosa. El pub es un rincón pijísimo con ínfulas de galaxia: humo denso, luces de neón que por supuesto parpadean y una fauna de muchachos que juegan a ser modernos sin saber muy bien en qué consiste. Yo, por supuesto, me siento un impostor entre impostores. Pero me sobrepongo: con la dignidad aún efervescente de quien cree que el azúcar o la cola dan carácter. Ella, mi novia, se retoca el carmín con precisión, mientras yo me debato entre mi coca o pedir un cubata, condenando la integridad adolescente. Me aferro a la Coca-Cola: mi símbolo de resistencia pasiva. El camarero me mira con esa expresión de veterano que ya ha visto demasiados aspirantes al mundo adulto fracasar por culpa de las burbujas. ...

Diez o doce de las mejores canciones del siglo XX son de los Bee Gees

Eso de que diez o doce de las mejores canciones del siglo XX son de los Bee Gees lo mantiene el periodista musical y músico británico Bob Stanley en su portentoso libro Yeah! Yeah! Yeah! La historia del pop moderno , de 2014 (traducido excelentemente a mi idioma un año después por Víctor Vicente Úbeda Fernández). Voy a seguir, básicamente, cuanto Stanley escribe en esa obra sobre los Bee Gees, uno de los principales grupos de la historia de la música (pop). “De los 21 números 1 de 1978, ocho fueron obra y producción suya, algo que solo tiene parangón en la racha triunfal de 1963 y 1964 de Lennon y McCartney (con la particularidad de que John y Paul no fueron los productores, sólo los compositores)”. Además, una de las semanas de marzo de ese año, cinco de las diez primeras canciones de la lista estadounidense eran de los Bee Gees. No cabe duda de que “los Bee Gees fueron un fenómeno cultural”. Stanley los compara en un sentido determinado con otro de sus grupos favoritos, ABBA , ...

Desde el Olimpo

This is the end … La siesta se prolonga en su cuarto diminuto y los pequeños altavoces de su portátil emiten el inconfundible sonido de la canción de The Doors . Escucha débilmente la música que aparece y desaparece al gusto de su somnolencia para mezclarse en el almidón de sus sueños breves, que vienen y van al compás de la voz de Jim y del zumbido del ventilador que refresca al ordenador. Las horas han dejado de ser minutos hace ya mucho y el sopor del descanso que es éxtasis sigue dueño de la situación en el dormitorio, en su despacho. Le llegan ahora las notas de otro tema, parece, le parece a él, de Andrew Bird , y el violín es sosiego y turbulencia al tiempo y los ojos hacen por abrirse paso con el permiso elástico de los párpados. Trata de hacerse con el libro que permanece obediente en el suelo, junto a su mano abierta y dormida, pero no tiene suerte pues los dedos no funcionan todavía, repletos como están del auge del sueño. En el piso de arriba alguien hace sonar una mecedor...

La palabra

Escribió Gloria cuando yo tenía 18 años (qué diantres importa la edad que yo tenía, dirás: eso digo yo) que existe una evolución de los sonidos (humanos, añado). Lo decía ella en un poema de esos suyos. En una poesía de Gloria Fuertes . Una de las Historias de Gloria . Bueno, sigo. Nos decía aquella mujer de verso en pecho, sabia, una señora mayor que se hizo niña desde el principio hasta que dejó de ser una señora mayor y simplemente fue una niña presta a contarnos cosas con un alma pequeña en la que cabía todo el Universo conocido y algo del Universo por conocer. Nos decía, a ver si acabo, mejor, a ver si empiezo; nos decía en aquella poesía suya de 1981, de cuando yo tenía 18 años y probablemente estaba a punto de conocerla en persona, que los sonidos empiezan primero siendo un rugido. Después un ronquido, antes de ser un silbido. Luego, pronto, un grito. Más tarde una palabra. Las palabras. Todas las palabras, cada palabra, alguna palabra. Palabras de amor, de odio, de certeza, de...

Fiebre del sábado noche

Tony Manero Era mucho más que John Travolta, Eso creo, Venía con su peinarse Y sus pantalones macarras De macarra Muy americano él, Un italiano americano, De cuando las discotecas Estaban ya hechas para molar, Se contoneaba dentro de Travolta, Se quería más de lo que sabía, Y al final nada sabía De cuanto tenía que saber, Esa clase de ignorancia De la que el mundo está repleto Y aun así gira y gira Como la peonza sinvergüenza que es, Se ponía en guardia ante la adversidad Y ante la decadencia de la ciudad decadente, Espectacular, de apariencia eterna, El mundo que gira como Manero y Travolta Giraban más que una mujer Cada sábado noche, Ardiendo de fiebre, Sobreviviendo Brevemente, en los años setenta A finales. Hace tanto tiempo.