Existen películas que por encima de lo que nos cuentan exhiben ese baño de oro del cómo nos lo cuentan. Algunas de ellas son intentos sofisticados que bailan equivocadamente sobre la nada: bailan mal. Afortunadamente, muchas otras, algunas otras, nos cuentan historias con una arte distinguido y distinguible que no empaña en absoluto la categoría de lo que nos cuentan, de manera que consiguen que la importancia del cómo y el qué sean parejas, ambas hermosas o al menos dolorosamente hermosas. Porque, por otro lado, el arte busca la belleza, aunque lo que nos muestre sea la más simple y horrorosa realidad del dolor. O la lucha humana por seguir siendo supervivientes. Y arte es la película francesa Un profeta (cuyo título original es Un prophète ), que se estrenó en 2009 y dura 150 medidísimos minutos: dos horas y media que aparentan ser el tiempo exacto, el necesario, para mostrarnos aquello que quiere su creador, el cineasta Jacques Audiard: un drama carcelario (que es además un thri...