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Mostrando las entradas etiquetadas como Ricardo Ibáñez Casado

Cuando Roxy Music pudo con Manolo Escobar

Llevo varios días en la cabeza con aquello de cuando me compré una cinta de cassette en el bar Villa de Suances, o tal vez en lo de Varela, donde los periódicos, que está al lado, estaba, allí, en la plaza de Viares, que se llamaba en realidad del Generalísimo pero yo no lo sabía (ni nadie la decía así: plaza del Generalísimo). La cinta tenía canciones de varios artistas y grupos, que debían de ser de la misma compañía discográfica, digo yo (o de alguna corporación que pudiera distribuirlos en España en un grandes éxitos): Elton John, Abba, Roxy Music. Y no recuerdo más. Dónde moriría aquella cinta. Así sin interrogaciones. ¿Dónde? Busco ahora en internet algo de información sobre aquella grabación y nada, ni rastro. La canción de Elton John no recuerdo cuál era, pero la de ABBA y la de Roxy Music, un grupo que tardaría varios años en entrar de verdad en mi vida, esas dos canciones, sí las recuerdo. Eran, son, serán S.O.S y Love is the drug . Las dos suenan ahora, tanto tiempo después...

Taller de escritura

En 1997, el escritor Mario Vargas Llosa dio en publicar Cartas a un joven novelista , que, como él mismo aclara en la edición de 2011, “no es un manual para aprender a escribir”. El Nobel considera, yo también, que a escribir “los verdaderos escritores aprenden por sí mismos”. ¿Qué habría pensado mi abuelo Ricardo, el ebanista, aquel hombre que una vez se puso de portero en un partido de fútbol en Villaverde, él que 'odiaba' el fútbol, si le hubiesen dicho que su taller no era un taller, que un taller es una clase, un aula, una habitación, un despacho, un bar, donde tratan de enseñarle a alguien a escribir, como si se pudiera enseñar a escribir a quien de verdad quiere y puede escribir, que también es un sitio donde, atención, hay quien le cuenta a otro cómo se escribe un poema? Yo, por si acaso…. he llevado uno de mis cuentos a un taller de escritura. A ver si me lo arreglan. Claro que… Ya no se usa la palabra TALLERES para llamar a las clases de los molones. Ahora se ...

Jugar a la vida, jugar al fútbol

No puedo recordar aquel domingo de junio del año 1964 en que la Selección española de fútbol ganaba en el Santiago Bernabéu delante de Franco a la Unión Soviética la final del Campeonato de Europa de equipos nacionales y yo me puse a caminar, torpemente, por primera vez, en medio de la algarabía y el señalamiento de mi padre, o quizás de mi abuelo, que gritaba el uno o el otro, quien fuera, creo que mi padre: elniñoestáandandoelniñoestáandando. Quizás sí me viniera a la memoria, si quisiera ella (y quisiera yo), cuando mi abuela Isabel abría su monedero para pagar al peluquero. Sería sábado. Por la tarde iría yo a jugar al fútbol cerca del Butsir con los amigos de mi tío Antonio. Será la tarde en que el abuelo Ricardo jugó de portero. Nada queda de aquella guerra en los ojos de Isabel. Tampoco en los de Ricardo. Villaverde era como viajar a un planeta que olía al jabón de manos del lavabo de mis abuelos. Un planeta donde se bailaba a los Beatles con los ojos cerrados. Veo ahora a m...