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Mostrando las entradas etiquetadas como Romanticismo

Don Álvaro o La fuerza del sino (una tragedia de tragedias), POR José Luis González Subías

La presencia angustiosa y fatal del destino en la obra que nos ocupa ha hecho que sea interpretada y calificada, por importantes estudiosos de la misma, como “drama del destino”, un género muy conocido en Europa por las fechas en que  Ángel de Saavedra , exiliado por entonces en Tours, parece que escribió la primera versión del texto. Y, efectivamente, don Álvaro se encuentra predestinado por nacimiento, tal y como anuncia la gitana Preciosilla —que ha leído las líneas de su mano— en las primeras escenas de la obra. Este sino, que da nombre al título del drama y fue recogido en la versión operística de Verdi, constituye el fondo filosófico que subyace tras la romántica historia de un amor trágico e imposible, el cual constituye su principal o más inmediato atractivo. En cualquier caso, ambos núcleos temáticos se encuentran fatalmente relacionados y no se puede comprender plenamente el  Don Álvaro  sin atender a la confluencia de estos. Considero interesante reflexionar ...

El suicidio de Larra

Creo ver en el suicidio de Larra un pellizco de la muerte, la levedad de la certeza eterna del nunca más, el peso perpetuo del para siempre, la fugaz entereza del poder que cada alma tiene sobre sí misma, es un estallido de máquina antigua sobre un pecho moderno, contemporáneo, exiguo, inmortal. Creo ser capaz de escuchar el eco de aquel disparo sobre la vida única de un hombre, sobre la conciencia herida de un escritor, de un poeta prendido a las miserias de un hombre, del hombre. Creo tener la duda de si morirse le sirvió a Larra para algo.   Como escribiera Gloria Fuertes... Larra se suicidó porque un día no creyó en el "vuelve mañana" del amor.   ["Se considera al madrileño Mariano José de Larra (1809-1837), o Andrés Niporesas, o Fígaro, o El pobrecito hablador, como firmaba, uno de los mejores periodistas de todos los tiempos. Larra fue un joven viajado y culto, de extraordinaria sensibilidad y elegancia (un dandi, dirían algunos), y ...

Alexandra Stréliski y los verdaderos nuevos románticos

La compositora y pianista canadiense Alexandra Stréliski, de ascendencia judía y polaca, nacida a comienzos del año 1985, es para la prestigiosa revista musical estadounidense Billboard "una de las nuevas estrellas más destacadas de la música clásica moderna". Considerada habitualmente adscrita a la escuela musical neoclásica, la del clasicismo equilibrado y moderado emocionalmente, es en su tercer elepé, pleno del romanticismo musical anterior a la propia reacción neoclásica de las primeras décadas del siglo XX, cuando aquella manera de encuadrar su arte dejó de definir su música de forma absoluta. Ese tercer álbum, que escucho mientras escribo estas palabras, es el titulado, no en vano, Néo-Romance , aparecido en marzo de 2023 y en el que el piano sensible de Stréliski (“me crie tocando y escuchando a Chopin, por lo que el romanticismo musical reside en lo más profundo de mi ser: yo misma me siento como una compositora romántica”) se ve por primera vez acompañado por alg...

Mary Shelley, Wollstonecraft, Godwin, Percy B y Frankenstein van al cine

Hay películas pretenciosas que naufragan y películas que naufragan por no ser pretenciosas. Mary Shelley es de estas últimas, pues a mi modesto entender se queda a medio camino entre la honestidad del batiburrillo de asuntos molones y la emocionada mirada de un(a) cieneasta enamorado de sus personajes. De 2017 es la película británica Mary Shelley , de la directora saudí Haifaa Al-Mansour , autora del guion de este film resbaladizo y resbaloso junto a Emma Jensen . Hay en ella un apabullante intento de traernos a la vida la vida de la hija de la fundadora del feminismo (Mary Wollstonecraft) y William Godwin , el fundador del anarquismo (es un decir, son dos decires), la esposa de un poeta grandiosamente endiosado y la madre del monstruo de la contemporaneidad por excelencia, aquel que es un retrato del abismo que nos espera cuando no sabemos amar. Hay en ella, en esta película fallida que se hace larga y que oscurece la belleza hasta esmaltarla de aburrimiento, algo de la fan...

Frantz: el dolor y la belleza

Dice el personaje protagonista de la película Frantz que contemplar El suicida de Manet le da ganas de vivir. ¡Qué cosas! Por cierto, en Frantz , de François Ozon , he visto cine, cine de amor, cine de desamor, cine de abandono, de memoria y deseo: cine magníficamente interpretado especialmente por dos actrices que sostienen con sus rostros el difícil andamiaje narrativo de una película arriesgada que bordea con su aparentemente aparatoso romanticismo el ridículo que es en sí mismo el romanticismo cuando quien lo plasma en arte lo hace sin oficio ni arte ni parte. Hablo de Paula Beer (cuyo personaje acaba cautivado por el citado cuadro del impresionante francés), inconmensurable, y de Marie Gruber . Frantz ofrece exactamente lo que da, hace que uno espere lo que finalmente logra: disfrutar de una hermosa película en la que el dolor y la belleza no son la pose adocenada de un artista sino la presencia suave de lo maravilloso a través del filtro de una pantalla....