Ahora que los dueños del mundo van a repartirse el mundo (otra vez) perpetuando la fea palabra geopolítica como el juego de mesa de los que siempre ganan, ahora, digo, es cuando más debería estar cargada de futuro la palabra poesía, aunque solamente fuera para disparársela al corazón a los que prefieren el mal conocido al bien por conocer. Si cada vez que se hubieran levantado aquellas barricadas bajo las estrellas la desaparición del ambicioso afán de los brutos con cerebro de máquina hubiera sido el tesoro de la victoria, hoy podríamos escribir poemas para recordarnos de qué está hecha la vida y el viento nos dejaría en los rostros la palabra felicidad como una máscara de amor. Los escribimos igual, porque en el fondo sabemos que escribir poesía también es saber que solamente sirve para que quienes mueren vayan a parar a los sueños desnudos de lo que respiramos porque ellos, los muertos, nos obligaron a respirar con lo poco que al alma le queda después de habitar este planeta sie...