El jazz suena al orden del silencio, más que cualquiera otra de las músicas: suena a resplandor cuidadosamente roto. El jazz nos libró de la Antigüedad y del Antiguo Régimen, llegó para avisarnos de las guerras civiles, pero no le hicimos caso, y ahora que el jazz convive con el futuro disfrutamos de sus pianos de seda de lodo como si en ellos se guardara todo lo necesario, y el azar, para permanecer vivos en la vida. Ben Webster es la habitación donde escucho a Ben Webster y Oscar Peterson es la silla donde estoy sentado mientras los escucho a los dos, el jazz que huele a jazz y sabe a arena de siglos desentumece la realidad y la ablanda y la hace opulenta, víctima de su serenidad de lumbre y tenue rigor imaginario, Ben y Oscar me hablan con la lengua del aire que respiro mientras ellos hacen sonar la vida con sus dedos y sus pulmones y sus bocas y sus almas y sus estirpes maltratadas, me hablan a mí, solamente a mí, a mí que siento ahora mismo cómo lo que fluye en m...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.