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Grabar ruido en el orden adecuado (primera parte)


Ahora mismo no sé si se me ocurrió a mí o le leí o le escuché a alguien decir que la música es una secuencia de ruidos emitida en un orden adecuado. Ruidos en el orden adecuado.

En el libro El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música, de Alex Ross, leemos:

 

“¿Alcanzado el clímax al que llegaron Wagner, Strauss y hasta Mahler, ¿lo demás fue ruido? Acabado el sublime mundo burgués y sus ironías, sus altos vuelos y sus parodias, ¿qué le restaba hacer a la música? ¿Por qué gran parte del público la consideró poco menos que ruido? […] Los públicos del siglo XX nunca consiguieron sacarse el ruido de los oídos. El ruido será perpetuo”.

 

Ruido. Mucho, mucho ruido. (Como en la espléndida canción de Joaquín Sabina.) Estas palabras de John Cage son sabiamente citadas por Alex Ross.

 

“Donde quiera que estemos lo que oímos es fundamentalmente ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba, cuando lo escuchamos, nos resulta fascinante”.

 

Hablando de ruido. No a todo el mundo le puede gustar el rock, ¿verdad Yehudi Menuhin? El violinista y director de orquesta ruso-británico, de origen ruso, dijo de un concierto de los Rolling Stones que presenció en el Earls Court londinense en mayo de 1976 lo siguiente:

 

“Si coges una taladradora eléctrica o un martinete de forja, lo afinas para que dé una nota, lo amplificas cien veces y después lo reproduces en una plaza pública, a la gente forzada a escucharlo por vivir cerca le sonaría muy parecido a como este concierto me sonaba a mí”.

El periodista musical Carlos Pérez de Ziriza escribió No olvides las canciones que te salvaron la vida. Una crónica generacional, un libro también dedicado a transmitir el poder emocional de la música popular, el poder anímico, espiritual, del pop. But don't forget the songs / That made you cry / And the songs that saved your life son versos de un poema, mejor dicho, parte de una canción de los maravillosos The Smiths, Rubber ring, de donde Pérez de Ziriza nos trae el título de su inspirado e inspirador libro. La nostalgia también es usada ahí, en esa obra de 2019, para explicar de dónde venimos, quiénes somos cuando escuchamos música. Una música que no va a cambiar el mundo, pero que al menos lo refleja con la intensidad que necesitamos para hacernos creer que es mejor de lo que en realidad es.


Todo empezó con el programa radiofónico La Ronda y sus dedicatorias (para mi novia en nuestro primer aniversario quiero que suene Fantasía de Juan Bau) o tal vez escuchando a mi madre cantando ayayaycómoselallevaelrío o quizás empapándome de los discos de Raphael que tenía mi prima Maricarmen en la casa de mi tía Gelines en Suances o viendo en la tele Escala en Hi-fi o porque sencillamente, como ya sabemos que decía la chica de aquella novela tan buena de Cercas: nosepuedevivirsinmúsica. Y yo me di cuenta con diez años o así. Por cierto, ahora que recuerdo, yo no debía tener ni cuatro años y ya cogía lo que pudiera parecer un micrófono, el cordón que servía para subir y anudar las persianas de las ventanas del balcón de nuestra segunda casa, en Villaverde Bajo, por ejemplo, y lo usaba como eso, como un micrófono, como si fuera qué sÉ yo… ¿Frank Sinatra? Yo era un niño a un micrófono pegado cantando a lo mejor canciones de Luis Mariano o de Tom Jones. Delilahhhhhhhh.


La radio, las revistas, Sal Común, Los Peleones, Onda2, Vibraciones, El Búho, Radio3, Esto no es Hawaii, Champú, peine y brillantina, Dominó, Popular 1, Los 40 Principales, Ruta 66, Diario Pop, Jesús Ordovás, Ignacio Juliá, Diego Manrique, Rafael Abitbol. Aprender, conocer, disfrutar, emoción y futuro, sorber la vida y ser baile y poesía de melodías, guitarras como cuchillas de afeitar, ser elegante y estar enamorado de la moda juvenil, cantarle a la chica de ayer, arder en Madrid, recuerdos del pelo largo, ritmo del garaje al calor del amor en un bar, atento a que pase algún cometa o baje un platillo volante, estamos desesperados sin saber qué será del siglo XX, esperando nada… y todo lo que vendrá después. Tararear canciones y sólo saberte completas Échame a mí la culpa e Insurrección. ¿Dónde estabas entonces? Estabas escuchando a Cecilia cantar Un millón de sueños. [Cecilia murió demasiado joven. Recuerdo aquel día con tristeza, recuerdo un verano cántabro ennegrecido por la noticia terrible. Fue como si se hubiera muerto una amiga. La música ya era algo para mi tan fuerte como la propia vida, tan cercano como un partido de fútbol en la playa o como la verdadera realidad.]


 

Un momento. Rebobino brevemente: la música va tomando formas distintas dependiendo de la etapa histórica, las sensibilidades que afloran en cada momento del tiempo y los avances tecnológicos ligados a los instrumentos musicales, la sonorización y las técnicas de grabación…

 

Este texto pertenece a mi libro La música (pop) y nosotros. Sílex ediciones, 2021

Continuará

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