Saber que no habrá nuevos cómics escritos y, sobre todo, dibujados por Hermann Huppen es la peor noticia posible para cualquier buen aficionado a los tebeos . Lo es, sobre todo, para una generación de lectores que contamos entre nuestras primeras lecturas con las aventuras de Red Dust y Comanche y los viajes a bordo del Cormorán de los inolvidables Bernard Prince, Djinn y Barney Jordan . Personajes que, afortunadamente, sobrevivirán en la vida eterna de la ficción y en la memoria de los lectores, por los siglos de los siglos, a su creador, que, a partir de su fallecimiento, pasa de la categoría de maestro a la de leyenda, dejando un vacío imposible de llenar en el noveno arte. Si hubiera que definir la obra de Hermann con una sola palabra, sería textura . Pocos autores han logrado que el lector sienta el frío del barro, el olor a pólvora o la aspereza de la roca como él. Desde sus inicios en la revista Tintin en los años 60 del pasado siglo, Hermann rompió con la estética limpia d...