Se me debió quedar grabado algún día olvidado de la infancia en que por vez primera atravesé esa hermosa laguna con mis ojos. No dejo desde entonces de viajar por su profundo azul inexplicable, desde la dicha a la tristeza y otra vez de regreso a la alegría, como si fuesen dos mundos conexos y al mismo tiempo separados. No he dejado tampoco de pagar el precio que el barquero me reclama, con tal de poder ver aquel color que me conduce a puertos misteriosos y me recuerda tanto a lo perdido. * El poema pertenece al libro del autor El don de la tristeza (Visor, 2026). [Imagen: Joachim Patinir: El paso de la laguna Estigia ]