En su historia de la música pop, Bob Stanley nos cuenta que el heavy metal (que “viene a ser el paquete básico de acceso al rock”) existía desde comienzos de la década de 1970, cuando a los chicos se les da a elegir entre dos formas de rock duro: la variante progresiva o el metal, que era mucho más simple, pues respondía a una fórmula más fácil de seguir, carente de la sutileza estética del rock progresivo, dado que “en el heavy metal no había nada que captar, era ruidoso, cabreaba a los padres y, por lo general, era de clase obrera”. Su función “no era poner a prueba las luces del oyente sino apagárselas: enterrar todos sus traumas adolescentes bajo una tromba de volumen puro y duro”. El heavy tuvo su apogeo comercial a mediados de la de 1980: “el estilo parece indestructible y ha superado todos los cataclismos musicales, también es profundamente conservador y posee su canon particular, sus ídolos, todo un código de conducta metalero. Muy probablemente, junto con el country, el heav...