La historiadora española Carmen Guillén publicó en 2026 el libro Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), dedicado a la que quizá sea la institución represiva del franquismo menos conocida, aunque es la más longeva: el Patronato de Protección a la Mujer, que se extendió desde 1941 hasta bien entrada la democracia para que muchísimas mujeres fueran condenadas sin haber cometido delito alguno y encerradas sin juicio legal “bajo un disfraz de caridad”. El Patronato fue “una pieza clave en la arquitectura moral y política del franquismo”.
En la ciudad madrileña de Collado Villalba, el Patronato de Protección a la Mujer tenía uno de sus centros, conocido como Villa Almudena, que hoy es el Colegio Virgen de la Almudena (en el número 10 de la Carretera de Moralzarzal), dependiente entonces y ahora de la congregación de María Ianua Coeli, un lugar que durante décadas fue un reformatorio y un centro de internamiento para muchachas menores de edad y mujeres jóvenes.
La fundadora de las religiosas misioneras de María Ianua Coeli fue Pilar de Arechavaleta Iturrioz, nacida en Bilbao en 1880. Dedicó esa institución, desde el verano de 1940, a —según escribe Francisco Rodríguez de Coro en la biografía que le dedica a la monja en la web Historia Hispánica, de la Real Academia de la Historia”— “buscar a las chicas que salían de las cárceles y de los hospitales”, muy en la línea de lo que hará, sin mesura, el Patronato. En el año 1953, De Arechavaleta compró un terreno en Collado Villalba, “en el kilómetro 39 de la carretera de La Coruña, para más de doscientas chicas de toda clase de nacionalidades y credos” que, once años más tarde, sería uno de los muchos establecimientos que el Patronato dispuso por toda la geografía española para llevar a cabo su obtuso cometido, tan nacionalcatólico. El Gobierno Civil de Vizcaya condecoró a la madre Pilar con la Gran Cruz de Beneficencia por “su extraordinaria labor social y cristiana”. Cosas de aquellos tiempos.
“Las
dos grandes congregaciones que marcarían la línea de actuación del Patronato”,
leemos a Guillén, fueron las Adoratrices del Santísimo Sacramento y de la
Caridad y las Oblatas del Santísimo Redentor. Otras que colaboraron
denodadamente con él fueron las Hermanas del Buen Pastor, las Cruzadas
Evangélicas, las Terciarias Capuchinas, las Salesianas, las Esclavas de María,
las de la Virgen de la Dolorosa, las de Nuestra Señora del Amparo, las de la
Santísima Trinidad, las Javerianas, las Obreras de la Cruz, las Esclavas del
Amor Misericordioso, la Congregación de los Santos Ángeles Custodios y Esclavas
del Amor Misericordioso. Y las Misioneras de María Ianua Coeli, entre
otras.
Todas
estas religiosas prometían proteger y redimir a la mujer caída, pero lo
que acababan por hacer era imponer un férreo control moral, un adoctrinamiento
extremo y duros castigos para aquellas que se salían del rol tradicional
impuesto por la dictadura.
Nada de eso aparece en la web del el
Colegio Virgen de la Almudena cuando en ella se hace un recorrido por su historia.
Ni una mención al Patronato: ¿por qué será?
La escritora y principal
esclarecedora de las brutalidades del Patronato, sufridora de ellas además,
Consuelo García Cid (antes de la publicación del espléndido libro de Carmen
Guillén), que también considera que los centros del Patronato eran lugares de
castigo y de mano de obra gratuita, cuenta en sus libros que los tres centros
más peligrosos y duros fueron el de San Fernando de Henares, el de Villalba y
el de Baeza. Por su parte, Guillén escribe en la obra suya citada:
“Los datos oficiales confirman este patrón de entrada y salida: solo en Madrid, entre julio y diciembre de 1976, se registraron 56 fugas, de las cuales 45 terminaron con el reingreso de las jóvenes. Cuando reincidían en las fugas, muchas jóvenes eran enviadas como castigo a centros considerados más duros dentro del propio entramado del patronato. Entre ellos destacaban el ya mencionado de San Fernando de Henares, el centro de Villalba y el más temido, el Hogar Nuestra Señora del Alcázar, en Baeza”.
El de Villalba (conocido como Villa
Almudena, ya se dijo) era para el Patronato de Protección a la Mujer un centro
de observación y clasificación, con 25 plazas, no era una residencia, era nada
más y nada menos que un establecimiento de reeducación. Las monjas de
María Ianua Coeli regentaban otro centro de observación y clasificación
que sí era una residencia, y estaba en la calle Velázquez de la ciudad de
Madrid.
Qué monjas tan adorables. Esperemos que las que hoy educan a los niños en ese colegio de Villalba eduquen de verdad. Seguro que sí.



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