Ayer tarde repasaba varios libros sobre la
formación del universo, el origen de la vida, su evolución, en fin, ya os
hacéis una idea. Para acabar le eché un vistazo rápido a conceptos generales de
nuestra propia historia como especie, total nada, unos miles de años.
Más tarde, en un tendido de sol y sombra
con cerveza, la mente siguió afinando el microscopio como buscando un destino
para ese viaje. Pensé en los datos, más bien escasos, de mi linaje, en mis
abuelos, mis padres y ya con el máximo aumento en mi propia vida. Fui
consciente del increíble número de casualidades que nos construyen, de las
veces en que todo pudo salir mal o muy distinto.
Os aseguro, amigos, que nada hay más
improbable que vuestra existencia o la mía. Salgamos a celebrarlo pero ya,
antes de que algún tema viral requiera nuestra opinión y se nos olvide.
[Y yo añado:
Somos
probabilidad y olvido, amigo.]

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