Las canciones verbeneras de los 60 y 70 contenían reivindicaciones tan feministas o más que las actuales. El problema es que les falta la narrativa asociada. No hay curadores de canciones del verano contando un bonito cuento sobre sus virtudes cívicas. Nacieron despolitizadas, pero Karina, Los Pecos y tantos otros son cantautores que aún no lo saben.
Os imagino: ya salió el boomer con sus batallitas. ¿Ah sí? Pues sujétame la próstata que lo voy a demostrar. Tomemos Eva María, el clásico de Fórmula V publicado en 1973. En el primer cuarteto nos presentan a Eva Mari. Ha ido a la playa. Quitando la calidad de la maleta y que las rayas engordan, el inicio es hábilmente anodino, cualquier mujer española puede identificarse con ella. Esa deliberada banalidad aumenta el impacto de los versos que vienen, verdadero eje que da sentido a la canción.
Ella se marchó
Y sólo me dejó
Recuerdos de su ausencia
Sin la menor indulgencia
Eva María se fue.
¿Cómo os quedáis? Es una canción de desamor cantada en primera persona y tú
ahí bailando. Pero lo esencial radica en que es ella quien deja y no se queda
en casa sufriendo. "¡Ay, qué habré hecho mal! Nunca me casaré". Al
contrario, toma las riendas de su vida y se va de disfrute. No le importa el
qué dirán. Más de uno la llamaría zorra.
Su contrapartida, el hombre abandonado, sufre. No puede dormir, la imagina
voluptuosa tumbada en la arena. Se pregunta repetidas veces qué hará sin ella.
Atraviesa una fase de negación casi infantil dudando de si aún le quiere. Que
se ha ido sola, muchacho. Espabila. Sin embargo, no hay rencor. El otro gran
acierto del tema está en desarrollar la voz masculina desde una melodía alegre
en acordes mayores. Nadie diría qué pena.
Así pues, tenemos un temprano ejemplo a seguir de mujer independiente y
empoderada acompañado por un modelo amable y nada tóxico para afrontar la
ruptura sentimental. No te digo que lo mejores, iguálamelo con una actual. No
puedes, claro. Porque es imposible.
En la próxima entrega: Buscando en el baúl de los recuerdos y su crítica a la complaciente nostalgia de nuestro tiempo.



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