En la infancia había algo anómalo, ocurrían cosas extrañas, teníamos pistolas y espadas, puñales y fusiles; muchas veces ni los veíamos, pero estaban ahí en nuestras manos y hacía puuum o putschhh o yo que sé, un ruido que mataba al otro, aunque a veces había quien se resistía y teníamos que insistirle: estás muerto.
También cantábamos sin micrófonos pero
cogiendo uno hecho de un aire perfecto y era como si fuéramos Raphael o Elvis o
Luis Mariano.
Ay del rocanrol y la vida, de mi vida
y sus ritmos diarios, de los ritmos y mis emociones, de mis emociones y el
deseo, del deseo y la memoria: de los días en que todo podía ocurrir (y
ocurrió: está ocurriendo). Jim y Jimmy y Janis y Elvis… os adoro.
hablo contigo ELVIS no necesito
rezarte tengo ese privilegio o esa facilidad sé que estás muerto pero me da
igual te escucho cantar puedo olerte incluso verte también por supuesto te
hablo a menudo menudo chollo sin venir a cuento así por la cara te sigo
adorando Elvis más que nunca ahora sé por qué es muy simple eres una idea un
alarde dorado mi reflejo matinal una invención mía eres lo que yo quiera el
rocanrol un suspiro mis caricias eres sus palabras eres mis sueños una juventud
Elvis nunca estuviste aquí en Madriz eso creo no importa al revés, mejor Elvis
en Madriz soy yo recuérdamelo te lo diré pronto porque no olvides hablo contigo
Elvis no necesito rezarte tengo ese privilegio
Elvis es un verso por sí mismo
Elvis es baile y es ya muerte
Elvis es rocanrol
también siglo veinte
es un aroma y es sudor
tiene algo de invención sexual
de monarquía juvenil
de batidos y alcohol
es Elvis excitante
un brillo brioso y un bramido
una caricia en una balada
es descenso y es altura
Elvis canta desde la eternidad
y ella le escucha
demasiado que aprender, demasiado que
amar… podemos vislumbrar atónitos una eternidad adormecida retenida en una
senda impresa en el alma de un libro, llegada para la hora de la siesta y el
sopor de lo rural, para la corriente de las ciudades, nos adormecemos
escuchando las nanas de madres somnolientas, las agitadas caderas de Elvis, unos
valses aristocráticos o la maquinaria de una discoteca, toda esa música
espléndida no puede esperarnos, está hecha para sonar en el mundo mientras el
futuro de decide y nosotros dudamos nuestras certezas
Únicamente soy capaz de pensar en
cuanto amamos, en cuanto quiere ser amado y sabe amar, todo eso debe ser el
poder, el verdadero poder, al que le basta con sonar como si la música
estuviera siempre en el lugar donde Elvis Presley nos sigue peguntando si
estamos solos esta noche.
¿Cuántas fotos le hicimos a Elvis
Presley?
Hubo aquí un caudillo invicto muerto
de su propia vida de imágenes licuadas, un general ignorante y sin Elvis, dueño
de los telediarios y los nodos, más real que el Elvis de las rodillas para la
gloria.
Lo hubo mientras a Elvis le rezaban
los sarmientos, lo hubo mientras Elvis se reía de Bach, mientras sin Elvis no
se podía mascar el futuro.
Un quimérico aprendiz de rey reinero
y reinante, un padre de familia que aportó cunetas a la Historia de España, esa
escritura del pasado sin Elvis, un militar para lo africano que sabía de la
poesía por las balas de Pemán.
Ahora sé por qué Elvis no regresó
nunca a Europa: para no salir en las mismas fotos que aquel rey medieval de la
época del gasógeno y los planes de desarrollo, para no coincidir en una
película con su majestad Franco I el Amargo.
El rapto de España, una canción para
Elvis Presley.
¿Cuántas fotos le hizo España a
Francisco Franco?

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