Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
Alabama song
“En algún lugar cercano sonaba el tema de los Doors y de repente me pareció que allí había una conversación secreta, que Morrison en realidad hablaba con Auden. Y como si ese preciso estribillo, esa réplica, resolviese el titubeo en la línea menos favorita de Auden: «We must love one another or die». En el caso de Morrison ya no hay titubeo, la respuesta es categórica: «I tell you we must die».
Pronto descubro que, en realidad, la
canción la escribió Brecht ya en 1925, con música de Kurt Weill. El propio
Weill, en 1930, la interpreta de la manera más deslumbrante, al borde de lo
terrible…Y esto no hace sino enredarlo todo aún más. Auden toma y le da la
vuelta a la línea de la canción de Brecht; de hecho, le está hablando. Tanto
Brecht, en 1925, como Morrison, en 1969, caminan tras la muerte. «Hazme caso,
debemos morir». Comparado con ellos, parece que Auden todavía nos está dejando
una oportunidad: «amarnos o morir»”.
Gueorgui Gospodínov: Las tempestálidas
(novela), 2020
Tocar el violín en el metro
“Hace unos años, el violinista Joshua
Bell tocó de incógnito en una estación del metro de Washington con su
Stradivarius, un instrumento del año 1713. Durante 43 minutos estuvo
interpretando piezas clásicas vestido como cualquier músico ambulante. Mientras
tocaba, pasaron por delante 1.097 personas y solo siete se detuvieron ante él.
Recaudó 52 dólares. Un día antes, había llenado un teatro con entradas que
costaban cien dólares la más barata. El experimento lo había organizado el
periódico The Washington Post y demostró hasta qué punto el
entorno condiciona nuestra percepción del arte”.
Marta San Miguel: Última escala (novela), 2026

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