La segunda novela de la escritora española Marta San Miguel, publicada en 2026, se titula Última escala y es una narración de la vida y muerte de uno de los grandes músicos españoles de todos los tiempos, Enrique Granados, pianista y compositor.
[…]
Última escala
comienza encandilando, ¡y de qué manera! Luego la cosa decae, pero en ningún
momento parecer ser culpa de la autora, una excelente escritora, por otra parte
(cuyos padres, gracias a los que conoció ya de niña la música de Granados,
cuando “decían pon música, se referían a música clásica”). Es que uno no
ha calculado (siempre hablo por mí como lector, por quién si no voy a
expresarme) que el interés por Granados no da tanto de sí. Pese a ello…
“¿Cómo diferenciamos la habilidad del
talento?”, se pregunta la autora del libro (novela y ensayo a la vez, ya sabes,
algo que cada vez, afortunadamente, se estila más, pero dejando claro cuando el
escritor fabula basándose en su conocimiento y cuando lo que hace es difundir
ese conocimiento). Parece que Granados es un paradigma a la hora de discernir
esos asuntos, si bien para mí van fundidos, pue si uno es hábil haciendo algo
es que tiene talento para ello, si bien ejercitarse no le ha venido nada mal.
Me gusta cuando en Última
escala se escucha música:
“Buscamos la
música, pero en el fondo la tenemos dentro. Cuando la escuchamos, es como si
nos convirtiera en cajas de resonancia hechas de músculo, piel, huesos y
memoria. […]. Lo importante es encontrarla”.
Me gusta menos cuando quien se expresa es el propio Granados, no por cómo lo hace, sino porque acaba resultándome un personaje (al fin y al cabo es una biografía novelada y él es un personaje) muy pagado de sí mismo. Claro que tratándose de un artista, de alguien que lo que hace es arte…
“No escribo el
tipo de música que se piensa que es la española cuando se exporta, sino la
música real de España. Mi música es española, no una imitación para ser
exportada. […]
Soy
el primer compositor español en escribir canciones clásicas para la gente.
No
soy un hombre rico —quizá lo sea algún día—, pero puedo decir que no
he escrito música barata, ni música comercial ni música ligera. Podría ser rico
si hubiera hecho música barata. […]
Yo
quiero ser conocido por obras serias o no serlo en absoluto”.
El retrato que hace San Miguel
del músico es en cualquier caso creo que magistral. Es Granados un hombre de su
época, un hombre de aquellos tiempos en los que los hombres podían decir en
público o escribir que “en las manos de la mujer, el hombre es siempre un
pelele”.
Enrique Granados murió tras ser
arrastrado por el mar, abrazado a su mujer, Amparo Gal.
Dame calidad
decía y se titulaba una canción de un grupo pop madrileño de cuando la Movida,
Ciudad Jardín, en la década de 1980. No le habría hecho ninguna gracia a
Enrique Granados (que decía tocar para conquistar, no para entretener). No sé
si a Marta San Miguel sí.
“Podría haber
ganado riquezas con música barata. Yo he querido ser conocido por obras serias
o no serlo en absoluto. He dado clases durante veinte años en
vez de hacer música comercial. Y en estas lecciones he sacrificado mi salud,
pero he preservado mi arte”.
[…]
Con Marta San Miguel, Enrique
Granados ha vivido ya, al menos, dos veces.
Este texto pertenece a mi artículo ‘Marta San Miguel y las dos vidas de Enrique Granados’, publicado el 7 de septiembre de 2026 en Letras 21, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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